El Tiempo Ordinario, representado por el color litúrgico verde, nos recuerda que en lo cotidiano también podemos vivir plenamente nuestra fe en Jesucristo. Este tiempo litúrgico no celebra grandes solemnidades, sino que nos conduce a reflexionar sobre la vida y ministerio de Jesús a través de la lectura continuada de los evangelios.
El tiempo se divide en dos etapas:
Aunque no haya festividades destacadas, algunos domingos incluyen solemnidades como la Santísima Trinidad, el Cuerpo y Sangre de Cristo y la solemnidad de Cristo Rey, que cierra el año litúrgico.
En este periodo, las lecturas dominicales siguen un esquema de lectura continua según el evangelio correspondiente al ciclo litúrgico (A, B o C): Mateo, Marcos o Lucas. Así, se profundiza en el mensaje de Jesús mediante relatos, parábolas y enseñanzas, destacando:
El llamado del Tiempo Ordinario es claro: testimoniar nuestra fe en cada acción diaria. Preparar con amor nuestras actividades y celebraciones refleja la presencia viva de Cristo en el mundo. Este tiempo nos invita a recordar que, aunque la rutina parezca simple, está llena de gracia y oportunidad para crecer espiritualmente y compartir el amor de Dios.