Actualidad Diocesana

Autoridades y trabajadores se unen en significativa Eucaristía del Día del Trabajo en Rancagua

Jueves 30 de Abril del 2026
La celebración destacó la dignidad del trabajo humano y reconoció a hombres y mujeres por su testimonio laboral y pastoral.

Con participación de autoridades, dirigentes sociales, trabajadores y fieles, la comunidad diocesana celebró la Eucaristía del Día Internacional del Trabajo este miércoles 30 de abril, en la Parroquia San Francisco de Rancagua. La Santa Misa fue presidida por el Obispo diocesano, Mons. Guillermo Vera Soto, y se enmarcó en la fiesta de San José Obrero, modelo de trabajador cristiano.

Desde el inicio de la celebración se puso en relieve el valor del trabajo como una dimensión esencial de la vida humana y como camino de santificación. La liturgia contó con la participación de diversas autoridades, entre ellas la Seremi del Trabajo y Previsión Social, Carmen Gloria Manríquez, quien proclamó la primera lectura. También se hicieron presentes representantes del mundo sindical, empresarial y pastoral, reflejando el espíritu de unidad y diálogo que promueve la Iglesia en el ámbito laboral.

En su homilía, Mons. Vera animó a reconocer el trabajo no solo como una fuente de sustento, sino como una vocación que dignifica al ser humano y lo hace colaborador de la obra creadora de Dios. Asimismo, hizo un llamado a fortalecer el compromiso con la justicia social, especialmente en tiempos marcados por la incertidumbre laboral y las dificultades económicas.

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la premiación a trabajadores y trabajadoras destacados, quienes fueron reconocidos por su compromiso, testimonio de vida y servicio tanto en sus labores como en sus comunidades eclesiales.

Las personas reconocidas fueron: Patricia Chaura Aránguiz, por sus 42 años de servicio en el Obispado; Sergio Ferrada Gómez, dirigente sindical agrícola; Carola Monte de Oca, trabajadora contratista; Eugenia Espinoza Hurtado, por su extensa labor en la ayuda fraterna parroquial; Héctor Collao Ramírez, por su servicio en la pastoral penitenciaria; Denis Painefilo Castro, trabajadora del área de aseo; y Carlos Pérez Rodríguez, empresario y servidor de la comunidad.

Cada uno de ellos representa, desde distintos ámbitos, el valor del trabajo realizado con responsabilidad, esfuerzo y espíritu solidario, siendo testimonio vivo de fe encarnada en la vida cotidiana.

Otro momento profundamente simbólico fue la bendición de las manos, gesto que recordó que en ellas se expresa la entrega diaria, el esfuerzo y la construcción de una sociedad más justa. “Manos abiertas para amar, manos callosas de construir”, rezó el pastor diocesano, al invocar la bendición de Dios sobre todos los trabajadores.

La celebración concluyó con un llamado a seguir promoviendo una cultura del trabajo digna, solidaria y centrada en la persona humana, renovando el compromiso de la Iglesia con el mundo laboral.

Al finalizar, los asistentes compartieron fraternalmente, en un ambiente de cercanía y esperanza, reafirmando que el trabajo, vivido desde la fe, es también camino de encuentro con Dios y con los demás.