
"Oremos por nuestros curas, cuidemos a nuestros sacerdotes". Con esas palabras, Mons. Guillermo Vera Soto, obispo de la Diócesis de Rancagua, resumió el mensaje que dirigió este 4 de agosto, en la celebración de San Juan María Vianney, patrono de los párrocos y modelo de entrega para todos los sacerdotes.
En el marco del Día del Párroco, el pastor diocesano invitó a los fieles a mirar con gratitud a quienes acompañan la vida de las comunidades, celebran los sacramentos y anuncian el Evangelio en cada rincón de la región.
"Seguramente, a lo largo de tu vida has conocido muchos sacerdotes por los cuales sientes cariño y agradecimiento", expresó Mons. Vera, destacando la cercanía que los presbíteros construyen con las familias en los momentos de alegría, dolor, esperanza y dificultad.
El obispo también agradeció el afecto con que las comunidades sostienen a sus pastores. "Gracias por esa cercanía, por esa ternura, por ese cariño y por esa paciencia que nos tienen", señaló, reconociendo que ese respaldo fortalece la misión sacerdotal.
Uno de los llamados centrales de su mensaje fue renovar la oración por los sacerdotes. "Recen para que seamos santos, fieles y podamos servirles con alegría, generosidad y una gran entrega", afirmó.
Asimismo, animó a las familias de la Iglesia de O'Higgins a pedir al Señor nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas, convencido de que la presencia de buenos pastores sigue siendo una necesidad para la vida de la Iglesia.
Mons. Vera concluyó recordando que un sacerdote es un compañero de camino que hace presente el amor de Dios en cada etapa de la vida. Por ello, invitó a toda la comunidad a rezar por quienes han dedicado su existencia al servicio del Evangelio, renovando el compromiso de cuidar, valorar y acompañar a los presbíteros que día a día entregan su vida por el Pueblo de Dios.