
En el marco del Mes de la Solidaridad, este martes 18 de agosto se celebró la Misa Diocesana de la Solidaridad en la Parroquia San José de Chimbarongo. La Eucaristía fue presidida por el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, y concelebrada por el párroco, Pbro. Cristián Catalán Valdivia, vicario general y presidente de la Fundación Cáritas y Acción Social de la Diócesis de Rancagua.
La celebración, realizada al mediodía, convocó al alcalde, concejales, autoridades locales, delegaciones de establecimientos educacionales, fieles y representantes de la comunidad parroquial.
El encuentro buscó unir Eucaristía, fraternidad y compromiso social, poniendo en el centro la dignidad de cada persona y el llamado del Evangelio a servir, especialmente a quienes más necesitan apoyo y cercanía.
En su homilía, monseñor Guillermo Vera invitó a conocer la vida de San Alberto Hurtado, a quien definió como “un sacerdote santo” que, pese a no carecer de oportunidades, conoció de cerca las dificultades y la precariedad.
El obispo destacó distintos momentos de su vida, como sus años de estudiante, cuando debió trabajar para colaborar en su hogar y apoyar a su madre, además de las dificultades económicas que enfrentó su familia. A pesar de ello, recordó, San Alberto Hurtado mantuvo siempre su participación y compromiso con la Iglesia.
Dirigiéndose especialmente a los estudiantes presentes, monseñor Vera los animó a perseverar en la fe y afrontar con esperanza los desafíos que presenta la vida, tomando como referencia la experiencia del santo chileno.
Asimismo, destacó que el Padre Hurtado es un modelo de servicio y solidaridad, capaz de mirar con sensibilidad las necesidades de quienes estaban a su alrededor, precisamente porque él mismo había experimentado momentos de necesidad.
Al finalizar, el obispo recordó una de las conocidas enseñanzas de San Alberto Hurtado: “Nadie es tan pobre que no pueda dar una sonrisa”, invitando a hacer de la solidaridad una expresión concreta de la fe cotidiana.