Actualidad Diocesana

Distintas comunidades celebraron a los acólitos en su día

Viernes 21 de Agosto del 2026
Parroquias de la Diócesis de Rancagua homenajearon a niños y jóvenes que sirven en el altar, destacando su amor a Jesús, compromiso con la Eucaristía y espíritu de servicio.

Con alegría, oración y gratitud, distintas comunidades de la Diócesis de Rancagua celebraron el Día del Acólito, en el marco de la fiesta de San Tarcisio, patrono de los acólitos y monaguillos, que la Iglesia recuerda cada 15 de agosto.

La jornada fue una oportunidad para agradecer a Dios por estos niños y jóvenes que, domingo a domingo, sirven en el altar y colaboran para que la Santa Misa sea vivida con mayor recogimiento y alegría. Ser acólito no es solo una tarea: es una manera concreta de acercarse a Jesús, amar la Eucaristía y aprender a servir a la comunidad.

En la Parroquia Inmaculada Concepción de Pichilemu, los monaguillos recibieron su Cruz pectoral, signo que los acompañará en su servicio. La comunidad explicó que la cruz les recuerda que cada vez que sirven en el altar lo hacen por amor a Jesús y para acompañar el misterio de la Eucaristía con respeto, alegría y entrega. También agradecieron especialmente a sus familias por acompañarlos en este camino pastoral.

En la Parroquia de Ciruelos, la comunidad saludó con cariño a Felipe, Edgard, Manuel y Alonso, agradeciendo su generosidad y disposición para servir en cada celebración. La comunidad pidió al Señor y a San Andrés que guíen sus pasos y que este servicio pueda ser también una semilla de vocación sacerdotal o religiosa.

El Día del Acólito también se celebró en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Litueche, donde fueron reconocidos Millie, Josefina y Nicolás; y en la Parroquia Divino Maestro de Rancagua, donde se dio gracias a Dios por el servicio de sus acólitos.

Mientras tanto, en la Parroquia San Nicolás de Tolentino de La Estrella, la celebración incluyó la bienvenida a Nicole Castillo, nueva acólita de la comunidad.

En la fiesta de San Tarcisio, las comunidades de O’Higgins renovaron así su gratitud por quienes, desde el altar, ayudan a anunciar con su servicio el amor de Jesús presente en la Eucaristía.