
Con un profundo sentido comunitario, la Parroquia San Antonio de Padua de Chépica celebró el domingo 23 de agosto a sus acólitos, en el marco de la conmemoración de San Tarcisio, patrono de los acólitos. Aunque su fiesta se celebra el 15 de agosto, la comunidad decidió trasladar la celebración una semana para vivir este significativo momento junto a las familias.
La jornada permitió reconocer el compromiso de quienes, desde pequeños, colaboran en el servicio del altar y participan activamente en la vida de la comunidad parroquial.
El párroco, padre Juvenal Galaz, destacó que la pastoral de acólitos cuenta actualmente con 19 integrantes, quienes realizan su servicio acompañados por sus padres. “Es una pastoral de la parroquia donde participan los padres también”, explicó el sacerdote, resaltando el valor de involucrar a las familias en este camino de fe.
Los acólitos no solo colaboran en las celebraciones eucarísticas. Junto a sus familias, una vez al mes asumen la responsabilidad de organizar las misas, fortaleciendo así su compromiso con la comunidad y aprendiendo desde la experiencia concreta el significado del servicio.
Pero el desafío no termina en Chépica. Entre los próximos proyectos de esta pastoral está el acompañamiento a la comunidad de Auquinco, donde se espera impulsar la formación de un nuevo grupo de acólitos.
De esta manera, la celebración de San Tarcisio se convirtió en una oportunidad para agradecer por quienes ya sirven en el altar y, al mismo tiempo, renovar el compromiso de seguir promoviendo las vocaciones al servicio desde las comunidades parroquiales de la Diócesis de Rancagua.