
Con la presencia del alcalde de Rancagua, Raimundo Agliati; la delegada presidencial de la Región de O’Higgins, Susana Pinto; el senador Javier Macaya; la diputada Natalia Romero; autoridades civiles y militares, y delegaciones de colegios emblemáticos de la comuna, se realizó en el templo La Merced la Misa de Acción de Gracias por los soldados caídos en la Batalla de Rancagua.
La celebración fue presidida por el obispo de Rancagua, Mons. Guillermo Vera Soto, quien en su homilía invitó a recordar con gratitud a quienes lucharon por su patria y entregaron la vida en medio de los acontecimientos del 1 y 2 de octubre de 1814.
Desde este templo, que fue escenario de aquellos días y acogió a heridos de los enfrentamientos, el obispo evocó el ambiente de incertidumbre, temor y esperanza que se vivió durante la batalla. Junto con recordar el dolor y las numerosas pérdidas humanas, destacó el heroísmo de quienes, aun en medio de la adversidad, no se dejaron vencer y buscaron nuevos caminos para el futuro.
A partir de este episodio de la historia de Rancagua, Mons. Vera llevó su reflexión al presente, especialmente ante las autoridades y los jóvenes que participaron en la celebración. Señaló que las dificultades forman parte de la vida y que, frente a ellas, es necesario mantener la confianza, la fortaleza y la esperanza.
En este sentido, llamó a poner lo mejor de cada persona al servicio de los demás, mediante el trabajo generoso, el compromiso y la búsqueda del bien común. También invitó a no dejarse vencer por el desaliento cuando los proyectos o esfuerzos no tienen los resultados esperados, sino a perseverar y buscar nuevos caminos.
La celebración concluyó como un espacio de memoria y gratitud por quienes dieron su vida por la patria, pero también como una invitación a mirar el presente con esperanza y a continuar trabajando unidos por el desarrollo y el bien de la comunidad de Rancagua.