
Con una vocación puesta al servicio de Dios, Carlos Martínez fue ordenado sacerdote el pasado 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar, en la parroquia San Francisco de Asís de Rancagua.
La celebración fue presidida por el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, y reunió a numerosos fieles, vicarios, sacerdotes y diáconos de la diócesis, quienes acompañaron con alegría este importante momento para la Iglesia diocesana.
“Mi Dios y mi todo”
En sus primeras palabras como sacerdote, Carlos Martínez compartió la frase de san Francisco de Asís que quiere hacer vida en su ministerio: “Mi Dios y mi todo”.
Con estas palabras, expresó su deseo de vivir entregado al servicio del altar y de las personas que necesiten una palabra de aliento, una escucha respetuosa o un gesto de acogida. Para ello, destacó la importancia de la Eucaristía, la presencia de la Virgen María y la fraternidad sacerdotal como pilares de su camino.
El nuevo presbítero agradeció a monseñor Guillermo Vera por llamarlo a formar parte del clero de la Diócesis de Rancagua, y recordó con cariño a los sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y agentes pastorales que lo han acompañado durante su trayectoria.
Uno de los momentos más emotivos fue el agradecimiento a su familia. Recordó a su padre, fallecido, a quien sintió presente en esta jornada, y dedicó palabras especiales a su madre por su compañía constante. También tuvo presentes a sus hermanos, sobrinos, tíos y primos.
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Una vocación acompañada por muchas comunidades
Carlos Martínez también reconoció el apoyo de las comunidades que han sido parte de su camino pastoral, especialmente las parroquias Nuestra Señora del Carmen de Graneros y Jesús Crucificado de Los Lirios.
Su gratitud se extendió al Colegio Nuestra Señora de Graneros y al Instituto Inglés, donde ha compartido 25 años de vida, construyendo vínculos con equipos directivos, colegas, estudiantes, apoderados y exalumnos.
Al concluir, encomendó su ministerio a Nuestra Señora del Pilar, pidiéndole que nunca decaiga su celo apostólico ante el cansancio y que permanezca a su lado para ser un verdadero apóstol de Jesús.
Con esta ordenación, la Diócesis de Rancagua celebra la llegada de un nuevo sacerdote, llamado a anunciar el Evangelio y a servir con fe, cercanía y caridad.