Monseñor, ¿Cuál es su visión, desde su ministerio, de la situación actual del país, donde estamos enfrentando a una crisis sanitaria, social, económica y ahora, además, se ha reactivado el conflicto en la Araucanía?
La Iglesia tiene un papel muy importante. En todos los países, en todas las naciones y en todas las familias hay dificultades, pero hay que darles solución a través del diálogo, que es el gran y único camino para alcanzar la paz y tranquilidad. Especialmente en lugares como la Araucanía, que lleva tantos años, tantos intentos, tantas resoluciones tomadas y no llevadas a la práctica. Creo que desde la realidad de una nación, de un país, de un territorio, podemos enfocar la diversidad propia de las culturas y de la interculturalidad. Esto existe en otros países y con gran éxito. Los obispos de Chile, a través del Comité Permanente, hemos sacado una publicación donde, entre otras temáticas, señalamos que si no respetamos las normas que tenemos y a partir de ellas evolucionamos a lo que hay que corregir o reconocer, iremos en una regresión, que significa violencia. Entonces, la labor de la Iglesia, especialmente para quienes están trabajando en esa zona más álgida, es poner paz, tranquilidad, tratar de ser puentes, pontífices. El pontífice es un puente que une. En ese sentido, tenemos una gran labor.
Monseñor, por otra parte, agosto es el Mes de la Solidaridad ¿Cuál sería su llamado?
Es una providencia de Dios muy interesante que hace muchos años se haya instaurado este mes como el Mes de la Solidaridad, que es además el mes donde estamos teniendo las consecuencias de la pandemia, de la crisis social y éstas son: el desempleo, el hambre, las dificultades para salir adelante, las ollas comunes. El país está siendo llamado a un heroísmo solidario y caritativo, como nunca había ocurrido en los últimos 50 años. En ese sentido, cada uno tiene que sentirse tocado. En las dos diócesis (de Rancagua y San Bernardo) hemos repartido cajas de alimentos, alrededor de cinco mil. Ahora vamos a comenzar el reparto de ropa nueva que nos han donado grandes tiendas. Además, estamos iniciando la campaña “Paremos juntos la olla”. Tenemos muchos casos de hermanos nuestros que están pasando hambre, que están comiendo gracias a la solidaridad y caridad de otras personas. En el afiche pusimos la frase “Sólo la caridad salvará la humanidad” y creo que es lo que viene ahora. Que cada uno piense qué estoy haciendo para sentir el sufrimiento del otro que podría ser el mío.
El país está sufriendo un cambio que ninguno de nosotros sospecha y que requiere volver a las virtudes que tuvimos y que perdimos: la virtud de la sobriedad, del desprendimiento, de la caridad, de la solidaridad, y como hemos dejado entrar el individualismo, ahora tenemos que mirar al lado y se nos hace difícil. En las dos diócesis hay expresiones preciosas de caridad y solidaridad. Ahora, además, viene la perseverancia, porque esto durará muchos meses.
Monseñor, el 10 de agosto, los diáconos celebran su Día ¿Cuál es su mensaje para ellos?
En ambas diócesis están funcionando las escuelas de formación del diaconado permanente y se está trabajando en dos líneas: una, la formación permanente del diaconado; y, la segunda, la distribución de los diáconos. En algunas partes hay muchos diáconos y en otras no hay ninguno. Ello requiere de un trabajo largo, porque se debe realizar un diagnóstico para formular una propuesta. Éste es un ministerio muy importante en la Iglesia y cuya función principal es la caridad y el servicio litúrgico.
Monseñor, el 15 de agosto, en la Festividad de Asunción de la Virgen se celebra el Día de la Vida Consagrada, de las religiosas que también han cumplido un papel fundamental durante las diferentes campañas, ¿qué les diría?
El 15 de agosto tendremos un día muy importante, porque es el día que celebramos a nuestra madre, que está en el cielo y que se anticipa a nosotros, pero también es el Día de la Vida Religiosa, que es esencial en la vida de la Iglesia, por sus carismas distintos y diversos. Para celebrarlas, el día 15, a las 12, en la Catedral de San Bernardo, en el altar de la Virgen del Carmen, celebraremos la Eucaristía dedicada especialmente a las religiosas de ambas diócesis. Ellas son parte de la Santidad de la Iglesia y, por lo tanto, debemos estar felices de contar con este testimonio que es esencial. Un día para celebrar a la Virgen, pero también para celebrar la presencia de la vida religiosa en nuestras comunidades.