Monseñor, ¿Cuál es su mensaje para los chilenos en el Mes de la Patria?
Septiembre es un mes que nos convoca a todos los chilenos, desde los inicios de la Independencia nacional. Este año -sin embargo- debido a la situación que estamos viviendo no podremos reunirnos como en otras oportunidades. La autoridad ha establecido normas especiales para celebrar en familia.
Ahora lo interesante es saber ¿Qué celebramos? y ¿Qué significa celebrar?
Para un cristiano celebrar significa agradecer a Dios y a los demás, a la comunidad, por tener una nación con un destino común, con una historia común y hacerlo en la Iglesia, en la familia, en las fiestas nacionales. La esencia de la celebración es de acción de gracias, siempre estamos en acción de gracias. Por lo tanto, a todos mis compatriotas y especialmente a todos los habitantes de la Región de O’Higgins, quiero decirles que va haber Te Deum.
El Te Deum nace por una petición realizada por los generales Carrera y O’Higgins en los inicios de la Independencia al Vicario General de Santiago para celebrar el primer aniversario de la independencia del país, desde esa fecha quedó establecido. Siempre debe haber Te Deum y en estos días sabremos con claridad cómo se va a realizar y cómo se adecuará a las normas que especifique la autoridad.
Llamo a todos a que estos sean días familiares, días de acción de gracia, días para participar en los Te Deum que habrá en las parroquias de la Diócesis de Rancagua, porque el tema de fondo es que nos alegramos de vivir en esta Patria y, también los llamo a darnos un tiempo para pensar en cómo cuidamos esta Patria. No sólo físicamente sino también moralmente, la Patria tiene un fundamento moral que nace de los principios de la fe cristiana en la que hemos nacido y en la que todos hemos vivido durante siglos.
Es un buen momento para preguntarse ¿Cómo cuidamos los fundamentos de esa Patria? o si los estamos socavando en la vida moral, en la vida familiar, en la vida institucional, en la vida del país.
Monseñor, en ese sentido ¿Cuál debería ser el espíritu para este año cuando estamos ad portas de un plebiscito?
Pensar en qué cosas son esenciales para nuestra Patria, que todos amamos y que deben estar siempre presentes en nuestras leyes. En nuestra tierra de Colchagua se canta todavía: “A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en nuestro hogar”, un canto antiquísimo. Con solo preguntarnos si las leyes de Dios están en las escuelas y en nuestro hogar sabríamos que, conforme he explicado en una Carta Pastoral, hay cosas fundamentales que se deben preservar: la familia, la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, el derecho de los padres a la educación de sus hijos, el Estado al servicio de la persona y no al revés, entre otros fundamentos.
Hay ciertos principios que se llaman No Negociables y que tenemos que procurar que estén en la carta fundamental, porque de ahí se deducen muchos más de nuestra forma de vivir. Entonces, pediría a los cristianos que meditemos muy bien el paso que estamos dando y que lo realizamos en conciencia.
La iglesia no puede dar recomendaciones al respecto, pero hay ciertas cosas que son irrenunciables y que tenemos que preservar. Cada uno debe preguntarse: ¿Se preservarán estos principios si comenzamos la Constitución desde cero? ¿Se preservarán las familias fundadas en el matrimonio? ¿Se preservará el derecho a la vida desde que se nace hasta la muerte natural? Son interrogantes que cada uno se debe realizar y que este mes de septiembre nos debe hacer reflexionar.
Monseñor, por otra parte, este mes de septiembre se celebra el Día del Migrante, ¿Cuál es su mensaje para ellos?
En la Diócesis de Rancagua existe un equipo que trabaja de forma permanente con los migrantes y especialmente durante este tiempo. La hermana Claudia Lazcano, que es la encargada de la pastoral de Migrantes, con un equipo de personas se han preocupado mucho por ellos durante este tiempo.
Los migrantes son personas que necesitan nuestra cercanía. Ellos llegaron a nuestro país buscando paz, tranquilidad y trabajo, pero en este momento están sufriendo mucha inestabilidad. Debemos ser caritativos y comprensivos y pensar que muchos de ellos trabajan en cosas que los chilenos no quieren. Pido que los aceptemos y acojamos; y nos demos cuenta que son hermanos nuestros y que la mayoría ha pasado momentos muy difíciles. Esta tierra es de todos.