Monseñor, durante la pandemia los sacerdotes se han preocupado de realizar una labor de contención hacia los feligreses. No obstante, ¿De qué forma se ha realizado un acompañamiento hacia los sacerdotes?
Efectivamente, el trabajo sacerdotal muchas veces es silencioso, pero muy efectivo hacia las personas que lo están pasando mal y que sufren. Y para todos resulta evidente que, durante este tiempo, muchas personas y muchas familias lo han pasado y lo están pasando muy mal. En ese sentido, debemos tener un momento de agradecimiento hacia nuestro clero, por mi parte, hacia nuestro clero de Rancagua y de San Bernardo, porque han estado en sus parroquias, con su gente, muchas veces consolando las lágrimas de la gente y dando, lo que nosotros podemos dar, que es el auxilio espiritual.
Por lo tanto, también en este momento que vamos llegando a fin de año y parece haber una pequeña baja de contagios en la pandemia, por lo menos en Chile, es un momento de acción de gracias por nuestro clero, por todo lo que hacen, sacrifican y se niegan a ellos mismos para atender a sus hermanos.
¿Y quién apoya a los sacerdotes?
La respuesta profunda es el mismo Señor, evidentemente, pero también hay un anclaje virtual sicológico de cercanía entre ellos, de cercanía con el pastor, que es muy necesaria. Además, de la formación que debe ser continua y que es un gran desafío en una diócesis como la de Rancagua, que es tan extensa; y la comunión entre los sacerdotes, como ministros del Señor; y luego el intercambio y enriquecimiento de esta comunión. Pero, evidentemente, lo más importante es la vida interior de un sacerdote. El Santo Padre ha insistido muchas veces en esto.
En ese sentido, el miércoles 5 de noviembre hemos tenido una reunión muy interesante con el clero de forma virtual a través de la plataforma zoom, no asistieron todos los sacerdotes como hubiésemos querido, pero una parte importante de ellos participaron. En esta reunión, tres sicólogos con gran experiencia clínica nos mostraron aspectos de nuestra vida sacerdotal que pueden ayudar a cada uno a superar las dificultades: qué pasa con nuestra afectividad, qué pasa con los bienes, entre otros aspectos, y todos con mucho anclaje en las enseñanzas de la Iglesia y de los padres de la Iglesia, antiguos y modernos. Este encuentro duró desde las 9 hasta las 13 horas y nos hizo muy bien a todos. Ésta es una parte importantísima del trabajo que hace una diócesis, que la gente no conoce y que requiere tiempo y dedicación, porque uno de los deberes más importantes del pastor son sus hermanos sacerdotes, porque ellos son el corazón mismo de la vida de la diócesis.
Quisiera contar además que he regalado a todo el clero de Rancagua un pequeño libro muy antiguo escrito por el Papa San Gregorio, que se llama la “Regla Pastoral” y es un texto clásico, no muy largo, que manifiesta cómo hemos de ser, cómo hemos de vivir y cómo hemos de atender pastoralmente a las personas. San Gregorio insiste mucho en que nos debemos entregar a Cristo y debemos tener un encuentro personal con Él, a través de la oración; y el amor y devoción a la Virgen María. Por desgracia, hay hermanos nuestros que pierden ese camino de las huellas de Cristo.
Monseñor, ¿Cómo pueden los feligreses apoyar a los sacerdotes?
De dos maneras muy evidentes: la primera, orando, que es la fuerza verdadera de la vida de la Iglesia; y la segunda, poniéndose a disposición; y volviendo a las misas presenciales, es distinto teológicamente hablando; acompañando a los sacerdotes en su realidad parroquial.
Quiero anunciar que estamos empezando a trabajar en lo que será la campaña de Navidad, que este año la realizaremos a través de la Caja de Navidad Parroquial. Estamos viendo cómo llegar a muchas familias para que tengan lo necesarios para celebrar el Nacimiento del Señor. Esta campaña la está trabajando Caritas diocesana junto con el Consejo de Decanos y al clero.