Monseñor, ¿Cuál es la importancia, especialmente en este tiempo de pandemia, de los templos?
El pasado jueves consagré el nuevo templo de la parroquia Madre de la Divina Providencia, en la población Centenario, de Rancagua, que producto del terremoto de 2010, quedó a muy maltraer y que, con ayuda de la diócesis, de los feligreses y de las autoridades regionales y comunales fue posible reconstruir. El templo es la Casa del Señor para los católicos y tiene sus orígenes en el Antiguo Testamento en Jerusalén.
El templo es el lugar donde los cristianos alaban a Dios. Es cierto que cada uno le da culto a Dios en su corazón, pero comunitariamente se expresa en nuestros templos y en nuestras capillas. Por eso es tan importante la ceremonia que celebramos el jueves 12 de noviembre, porque ese lugar -con la consagración con el aceite y la bendición- lo hicimos un lugar santo para que sea sólo de Dios. Esto tiene directa relación con el respeto a Dios, por eso, muchos católicos se han sentido tan heridos al ver -en algunas partes de Chile- iglesias quemadas, porque es como tocar el corazón de Dios. En el templo hay muchas cosas importantes, pero la más importante es la presencia del Sagrario en el altar, que es el cuerpo y sangre de Cristo. Los templos son un lugar de oración, pero también de colaboración, el lugar donde se reúne la comunidad para orar juntos y para ayudar a otros. El templo es la Casa de Dios y la puerta del cielo.
Agradezco profundamente a las autoridades regionales y a todas las personas que han ayudado e hicieron posible reconstruir este templo para el servicio de Dios y de la comunidad.
Monseñor, en ese sentido, ¿Es importante volver a la Eucaristía de forma presencial?
En varias ocasiones he dicho que creo que ya es hora de que volvamos a los templos, apoyándonos precisamente en que ya estamos en fase 3 en la mayoría de las comunas e incluso en algunas pasando a fase 4 y eso implica que dentro del templo pueden haber 50 personas en fase 3; y hasta 100 personas, en fase 4. Entonces, tomando todas las medidas sanitarias llamo a volver a la misa dominical y del sábado. Al mismo tiempo llamo a los sacerdotes a tomar las medidas para que pueda haber varias Eucaristías para que los católicos puedan asistir. La vida y el centro de la vida católica es la Eucaristía y hay que tratar de ir, poco a poco, volviendo a las iglesias. Llamo a todos a ser responsables con las medidas de seguridad y tener el coraje para vencer los miedos, porque estamos en pandemia, pero rendir culto a Dios es la primera obligación del cristiano.
Monseñor, por otra parte, esta semana se realizó la 112ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, ¿Cuáles fueron las temáticas tratadas?
Dos veces al año nos reunimos todos los obispos de Chile en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal. Me gustaría aclarar que la Conferencia Episcopal es el órgano establecido por el Concilio Vaticano II que reúne a los obispos de un país, de una región, para trabajar conjuntamente ciertas materias comunes, pero lo que hace que la Iglesia esté establecida en un país son las Diócesis con su obispo, por eso estamos rezando por la llegada de un obispo a la Diócesis de Rancagua.
La Conferencia Episcopal se reúne para actuar en común en cosas que son comunes, como, por ejemplo, la catequesis, la asistencia en los hospitales; para compartir experiencias y comprender nuestras diferencias, porque nuestras realidades son totalmente distintas por clima, entre otras razones.
Esta vez nos hemos juntado vía zoom desde el día lunes 9 de noviembre hasta el jueves 12 y hemos tratado varios temas, entre ellos, la realidad que está viviendo el país, lo qué hemos podido hacer, las dificultades. Hemos hecho un relato de la situación político-social del país, a través de personas que se invitan a la Asamblea y que nos ayudan. También hemos tratado el tema en el que estamos como país actualmente y cuál es el rol de la Iglesia en el tema plebiscitario, y que como sabemos es el de alumbrar ese camino, especialmente, en los temas que valóricos, en los que llamamos no transables.
También hemos intercambiado experiencias, hemos recibido a los obispos nuevos, que son varios, entre ellos el de Copiapó y de Santiago, que empiezan a participar con nosotros en la Asamblea Plenaria. Todos en comunión, que es lo más importante y complejo de mantener en la vida: unidad en la diversidad, hay muchas cosas diferentes, enfoques y maneras, pero hay una unidad en el servicio a Dios, a la Iglesia y al pueblo de Dios. En dos semanas más vamos a continuar con la Asamblea Plenaria en temas más técnicos.