Monseñor, ¿Por qué el papa Francisco proclama un año de San José?
San José ocupa un lugar importantísimo en la historia de la Salvación y venida de Cristo, pero al mismo tiempo es un lugar silencioso en esta tierra, donde hace el papel de padre y da una familia al hijo de Dios encarnado. Él fue un hombre sencillo, un carpintero, como dice el Evangelio. Un hombre justo, como lo llama San Mateo, fue un hombre dispuesto a cumplir la ley de Dios siempre, como lo señala San Lucas. Y que además tenía la característica de ser muy obediente y dócil a las peticiones de Dios, y lo que sabemos es que Él se lo pedía en sueños. El papa Francisco tiene gran devoción a San José, incluso se llevó a su oficina una imagen de José durmiente, que refleja de cierta manera las veces que Dios le habla a José. Y José en vez de dudar, simplemente dice esto es de Dios y hace inmediatamente su voluntad. El es testigo de las cosas más asombrosas que han ocurrido: el nacimiento de Cristo, la adoración de los pastores y la adoración de los magos. No hay ninguna frase de José en toda la Escritura, sin embargo, es el hombre -como dice el papa Francisco, en su carta apostólica Patris Corde, que todos pueden leer en nuestro sitio web www.obispadoderancagua.cl- sobre el cual más se ha escrito después de la Virgen María y no hay papa que no haya dedicado una prédica o un documento más extenso a San José. Hace 150 años el papa Pío Nono lo declaró patrono de la Iglesia Universal; Pío XII lo presentó como patrono de los trabajadores; Juan Pablo II lo presentó como el patrono del Redentor.
Entonces, ¿Por qué es tan importante San José?
Porque es igual que todos nosotros, que se la jugó por cumplir la voluntad de Dios y poner su vida al servicio de la Redención. Por eso, el papa Francisco que tiene mucha devoción por él, nos quiere proponer una vez más a la Iglesia -en estos momentos de dificultad- la figura de San José y como un ejemplo para todos nosotros. Esto, tiene mucho sentido, porque además en marzo vamos a iniciar también el año de la familia, porque tenemos que volver a ella. Para Jesús, la familia fue el lugar donde él aprendió a compartir, a ser niño, a jugar. Y nosotros hemos ido quitando de nuestras vidas la importancia de la familia: primero, perdimos la noción de que una familia está formada por un hombre y una mujer; segundo, perdimos que es un llamado para toda la vida, más allá de lo religioso, es un compromiso entre un hombre y una mujer; tercero, perdimos, el significado que es camino a la santidad; y por último, hemos hecho una serie de leyes y normas legales que merman la importancia de la familia. En ese sentido, creo que lo que el papa Francisco busca es precisamente es ponernos frente a una realidad esencial de todo ser humano: que la familia, el hogar, es el lugar donde se concretan todas las virtudes que perduran para el futuro.
La carta apostólica es bellísima y se darán cuenta que muchos aspectos de nuestras vidas están reflejadas en la vida de San José. La mayoría de las personas realizan su vida de forma silenciosa, en sus casas, así fue la vida de San José.
Es, además, el patrono de la buena muerte, de todos los hombres y mujeres de trabajo y de la vida interior.
Monseñor, ¿Cómo podemos participar de este año de San José?
Estos años van rodeados de bienes espirituales que la Iglesia da a los que cultivan las realidades que la Iglesia va presentando. Junto con esta carta apostólica del papa Francisco, la Penitenciaria Apostólica ha hecho llegar un decreto que concede indulgencia plenaria, que significa la remisión de la pena temporal de nuestros pecados.
Hay varias cosas sencillas que pueden conocer a través del sitio web del obispado de Rancagua.