Palabras del Pastor

“Hay que prepararse para seguir transmitiendo la fe”

  • El administrador apostólico de Rancagua instó a los catequistas a inscribirse en el curso de verano para formarse en las nuevas metodologías y poder continuar con la catequesis. “La Iglesia no se detiene frente a hechos externos”, aseveró.

 

Monseñor, ¿Cómo podemos aprovechar estas vacaciones, especialmente cuando todavía estamos en pandemia?

Iría a esa frase del Señor cuando dice a los apóstoles: “Vamos a un lugar apartado a descansar”; el ser humano necesita descansar, en la medida de lo posible, cambiar de actividad y las vacaciones son eso. En vez de estar dedicado a lo habitual, al trabajo de cada día en la escuela, en la fábrica, en la oficina, estamos en otro ritmo. Pero las vacaciones no significan no hacer nada, sino que dedicar el tiempo a otras cosas. ¿Y cuáles son esas otras cosas? Bueno, primero está Dios, no es posible que una persona en vacaciones se acuerde menos de Dios que en tiempos de trabajo, y deje de lado la misa dominical, la oración, la meditación, el evangelio. Es al revés, se tiene más tiempo para meditar el Evangelio. Después un tiempo para dedicarlo a la familia y es muy importante, sobre todo, después de este tiempo que hemos pasado, donde ha habido un renacimiento de la familia. Una tercera cosa es descansar, para dormir un poco más. También dedicar tiempo a la cultura, a ver una buena película, hay cosas muy buenas para ver con jóvenes y niños; y la lectura, en nuestro país leemos poco y hay muy buenas lecturas. Lo importante al final de las vacaciones es que no quede la sensación de que no se hizo nada, sino que se aprovecho el tiempo para descansar, para leer, meditar y compartir con la familia. Para que no se convierta en un tiempo de mal ocio. Para los jóvenes es un tiempo para descansar, para salir, para compartir, pero también para dedicar a los mayores, a los papás, a los abuelos, acercarse a ellos para acompañarlos y servirlos. Esas son las vacaciones ante Dios.

Monseñor, durante este verano también hay tiempo para la formación de los catequistas, en las diócesis de Rancagua y San Bernardo, ¿Por qué es importante que ellos se formen?

Las y los catequistas son la columna vertebral de la formación que se da en las parroquias, sería difícil para un sacerdote no contar con la ayuda de ellos catequistas, pero lógicamente ser catequista es un servicio que requiere formación. Por ello, todos los veranos en las diócesis hay cursos para formarlos. Este año, este curso será el viernes 15 y sábado 16 de enero, por la plataforma zoom. Insto a todos los catequistas a que se inscriban, porque es un curso que tiene un costo mínimo y que permitirá prepararse metodológicamente para una nueva forma de hacer catequesis. Así como los colegios han debido adoptar medidas para llegar a sus alumnos, también en las parroquias debemos pensar qué vamos a hacer. Por de pronto, los libros de catequesis los vamos a tener a disposición gratuitamente, cualquier persona podrá acceder a ellos, porque probablemente nuestra catequesis tendrá que transformarse también en una catequesis virtual. Es probable que no haya catequesis presencial a lo menos durante todo el primer semestre, entonces los catequistas tienen que aprender también estas nuevas metodologías para seguir formando. La Iglesia no se detiene por hechos externos. Por eso, si el 2020 tuvimos dificultades en la catequesis, para este año 2021 tenemos que superarlas.

Monseñor, ésta es también es una forma de prepararse para este año que, probablemente, ¿seguiremos en pandemia?

Hay varias razones, efectivamente puede que todavía siga la pandemia, mientras no se pruebe la efectividad de las vacunas que se están utilizando y eso puede demorarse muchos meses. Además, existe mucho temor en las personas, temor de la mamá que se reúna con otros jóvenes y se contagie. Conociendo nuestra naturaleza humana, muchos padres no van a querer enviar a sus hijos a las parroquias y van a preferir la catequesis de forma virtual. Por ello, le pido a todos los catequistas, de las dos diócesis, que nos preparemos para una nueva forma de transmisión de la fe, que es lo esencial.