Monseñor, ¿En qué situación se encuentran actualmente en el Congreso los proyectos sobre Eutanasia y Aborto?
Estos son proyectos que están en sus primeros trámites legislativos. En el caso del proyecto de ley de Eutanasia tiene su origen en la Cámara de Diputados en la Comisión de Familia. Es uno de los proyectos más extremos que hay, incluso a nivel mundial. Esta comisión ha escuchado a diferentes personas al respecto, y el pasado miércoles -es importante que la gente sepa- la Iglesia Católica ha solicitado ser escuchada, a través de la Conferencia Episcopal. Este proyecto, tras ser aprobado en la Comisión de Familia pasó a la sala. En esa instancia se aprobó la idea de legislar, pero se hicieron muchas indicaciones. Es decir, muchos diputados propusieron cambios a este proyecto ley, por lo tanto, éste volvió a la comisión de origen, y en este momento se están estudiando esas indicaciones, que son cambios al articulado original que llegó a la Cámara de Diputados. Los cambios que se le quieren hacer, en su mayoría, tienen por fin salvaguardar el derecho a la vida de las personas e intentar transformar este proyecto en el derecho a los cuidados paliativos que -ya veremos más adelante- toda persona tiene especialmente en el momento final de su existencia. Ahí debe volver a la sala y ser aprobada cada una de esas modificaciones y pasar a la comisión del Senado y luego a la sala y sí el texto cambia de una Cámara a otra, se debe crear una comisión mixta para llegar a un texto común, que pueda ser propuesto como ley. Además, todas las leyes están sujetas al veto del Presidente de la República, si eso ocurriera se debe presentar nuevamente el proyecto; también pueden haber observaciones de constitucionalidad, lo que significa que tiene que pasar por el Tribunal Constitucional. Todo esto implica un camino largo, pero peligroso y muy grave para un país cristiano como Chile. Por ello, como nación debemos tomar consciencia de la gravedad que significa un proyecto de esta naturaleza.
Monseñor, ¿Y en relación al proyecto de despenalización del aborto?
Este proyecto a mi modo de ver es un aprovechamiento de un grupo de diputados que pese a que todas las promesas que se hicieron cuando se discutió la ley de aborto en tres causales, ahora se está buscando –siguiendo, quizás, la situación de Argentina- llegar a un proyecto de ley que permita el aborto hasta las 14 semanas de embarazo. Todo el mundo sabe que es un proyecto absolutamente contrario a la dignidad de la persona humana y de los derechos humanos. Un proyecto como este podría ser catalogado como un atentado a los tratados internacionales que Chile ha firmado. Este proyecto recién está empezando a estudiarse en la Comisión de Mujeres y Equidad de Género de la Cámara de Diputados. Está en pañales y el procedimiento es igual al de la Eutanasia, queda un largo camino por delante.
Monseñor, ¿Por qué surgen este tipo de proyectos en nuestro país?
Estos proyectos nacen como consecuencias de la evolución del pensamiento moderno, del relativismo jurídico y moral; y se inscriben en pensamientos, como el de género u otros. Estos se enfocan en que el ser humano tiene total autonomía, que incluso le permite dominar el inicio de la vida y la causa de la muerte. Nosotros, que somos una nación cristiana, sabemos que eso es un atentado -como enseña la Doctrina de la Iglesia- contra la persona y un atropello a su dignidad y lo grave es que se está intentando perpetrar por los órganos legislativos de nuestro país. Más grave resulta que en algunos casos haya personas que intentan hacer compatible esta forma de pensar con su declaración de ser cristianos e incluso católicos. Estas situaciones son gravísimas, y es el momento en que la ciudadanía debe tener conciencia de a quién le entrega su apoyo para ser representada en los órganos legislativos. En estos momentos tenemos opciones concretas en las elecciones de los Cores, de los gobernadores, de los alcaldes, concejales, y particularmente de los constituyentes, que van a redactar la carta fundamental. Es una herramienta fundamental para asegurarse que las personas que elegimos respeten la dignidad de la persona humana, porque estamos llegando a un momento donde el desprecio de la vida humana está en nuestros propios órganos legislativos.