Monseñor, ¿Cuál es el llamado de la Iglesia frente a la vacunación contra el Covid-19, que ha comenzado esta semana en nuestro país?
El Papa Francisco nos ha dado un ejemplo muy claro al decir públicamente que él apenas sea llamado, será el primero en ir a vacunarse. No solamente por la situación personal de cada uno, sino también porque de esa forma uno se inhibe de ser posible transmisor del virus a terceras personas. Por lo tanto, el llamado es a seguir las indicaciones de la autoridad sanitaria. Si ésta es la encargada de decirnos qué hacer en esta situación que estamos viviendo y ahora nos ha llamado públicamente a vacunarnos, primero, a las personas mayores, al personal sanitario que está en contacto con el público, hasta llegar al resto de la población, lo que tenemos que hacer es proceder de esa manera.
Hay un grupo de personas que piensan que no convendría vacunarse. Se preguntan por qué se empieza por los adultos mayores, y no por lo más jóvenes que están más expuestos al contagio. También hay un argumento en relación al uso de algún tipo de material proveniente de fetos para el desarrollo de las vacunas. En ese sentido, ha salido una declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre por qué moralmente, incluso en el caso de que la vacuna haya utilizado teóricamente en su desarrollo algún material que provenga de fetos, se debería vacunar. Otras personas dicen que es parte de un plan mundial para eliminar población.
Lo más sano y moral es hacer caso a lo que la autoridad sanitaria nos está indicando, como lo hemos realizado durante todos estos meses. Hoy, llegó el momento de la vacuna y llamo a todos a que se sumen a esta necesidad. En algunos países ya ha habido anuncios de que las vacunas impiden la transmisión del virus y crean un anticuerpo.
El llamado de la Iglesia es a seguir las recomendaciones de la autoridad sanitaria y a concurrir en la fecha que se nos va indicando a los lugares de vacunación, que son los consultorios, hospitales e incluso algunas parroquias, para evitar aglomeraciones.
Monseñor, por otra parte, el Papa Francisco ha convocado para este 11 de febrero a la Jornada Mundial del Enfermo ¿Cuál debería ser nuestra actitud frente a las personas enfermas?
El día 11 de febrero también es el día de Lourdes, que ha realizado muchos milagros y a ella acuden miles de personas para pedir la curación de sus enfermedades. Nosotros en Chile, habitualmente celebramos el Día del Enfermo, el 15 de septiembre, porque estamos a mitad del año y porque es la celebración de la Virgen de los Dolores. La importancia de este día, es que el enfermo es otro Cristo, es el hombre que siente que su cuerpo está sufriendo un dolor, una carencia y, por lo tanto, está en una situación de inestabilidad y de estar en manos de otro. Estamos en medio de una pandemia, hay muchas personas afectadas, en los hospitales. Incluso, muchos de los recintos hospitalarios se están preparando para marzo, por si se produce un rebrote.
Desde el punto de vista de fe, debemos realizar dos cosas: primero, poner atención a la oración por los enfermos y a la oración de los enfermos, para que les de la capacidad para salir adelante no sólo a ellos, sino que también a quienes los cuidan; para que sean precisos los tratamientos y muchas personas puedan superar la enfermedad, sobre todo el Covid-19 en este momento.
Lo segundo importante es que el enfermo es un hombre o mujer, que por su sufrimiento tiene mucho que ofrecer por la vida del mundo, del país. Quienes están enfermos deben ofrecer la enfermedad como un camino de santificación propia y de purificación de toda la humanidad, como el Señor ofreció sus dolores por todos nosotros. Unir nuestros dolores a la Pasión de Cristo como enseña el apóstol San Pablo.