Monseñor, ¿Cuál es su mensaje para animar a los fieles en este inicio de año, donde prevalece a la incertidumbre debido a la pandemia y el retorno a las actividades presenciales, como las clases, por ejemplo?
Existen dos vertientes en este tema; una, más humana y otra más espiritual, aunque ambas van de la mano. En la espiritual, vemos que nada se aleja de la providencia y de la mano amorosa de Dios, que es nuestro Padre. Hay que tener mucha fe de que en estos acontecimientos difíciles que han vivido muchas personas, familias e instituciones, el Señor está hablando y mostrándonos que el punto central es poner en el centro al Señor, como nos ha dicho en retiradas oportunidades el papa Francisco. Cada uno debe reflexionar y preguntarse qué sitio ocupa Jesús, y cómo alumbra su enseñanza nuestra vida personal, familiar, de estudiante, de trabajador, nuestra vida intelectual; y saber que desde el punto espiritual no hemos de temer, ni dejarnos llevar por la desolación. Dios es más fuerte, Él conoce lo que está haciendo. Por eso, los llamo a todos a volver con los ojos puestos en el Señor, volver a nuestras iglesias, volver a los estudios, sabiendo que estamos en un camino que alguien dirige y ese alguien es Dios mismo, nuestro Padre del cielo.
Desde el punto de vista humano, durante el año 2020, como Iglesia, nos esforzamos por seguir con mucha claridad las recomendaciones de la autoridad sanitaria, que es la que debe regir en una pandemia, y aprendimos a cuidarnos. Hoy, estamos apoyando el plan de vacunación, en algunos templos parroquiales. El ministro ha dicho que a mitad de año podría estar gran parte de la población vacunada. Llamo a todos a ir en el día indicado a vacunarse.
Monseñor, también en este inicio de año usted ha publicado una Carta Pastoral, ¿Cuál es el mensaje central de ella?
Todos los años publico una Carta Pastoral de inicio del Año Pastoral que va dirigida a los sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, agentes pastorales, fieles y a todo el pueblo de Dios. Primero señalo que el que ha pasado fue un año de tribulaciones, pero también de crecimiento interior. Tenemos la necesidad de mucha paciencia para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancemos la promesa. Segundo, que éste es un tiempo de aprendizaje personal y pastoral, hemos aprendido a respetarnos más, a estar más cerca del que sufre, recordemos la campaña “Cinco panes y dos peces”; el tremendo esfuerzo realizado por las parroquias, por las instituciones, que fue una explosión de solidaridad y eso es un aprendizaje muy importante en un país y un mundo que aparece muy fraccionado. Otro mensaje importantísimo es que la Gracia Divina sigue moviendo la vida del mundo y de la iglesia y nosotros tenemos que lograr que esa Gracia llegue a través de los medios que todos conocemos. Por eso, lo fundamental es pedir a todos que continuemos la catequesis, ésta no se puede detener. Pongámonos en campaña para que fluya la gracia de Dios y nadie sienta que no puede recibir los sacramentos.
Monseñor, ¿Cuál es el mensaje para los sacerdotes y consagrados en esta Carta Pastoral?
Hay un punto en la Carta donde me refiero específicamente a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, religiosas, porque tenemos una misión particular. El Papa dice que el Señor da la fortaleza a aquellos que están llamados a guiar a otros en el camino. Por ello, les hago un llamado especial a estar firmes en la fe, fuertes en la fe. Y también llamo a los sacerdotes a participar en el retiro del clero que se desarrollará desde el lunes 1 hasta el viernes 5 de marzo; y al pueblo cristiano le pido orar por los sacerdotes, es algo muy necesario, pues ellos son otros Cristos y esperan no sólo que nos preocupemos de apoyarlos en sus necesidades humanas, sino que también oremos por ellos.