Monseñor, durante esta semana el Comité Permanente de Chile se reunió con autoridades de gobierno, ¿Cuál fue el motivo de esta reunión?
Al aumentar el número de contagios de la pandemia, la autoridad modificó la normativa general restringiendo toda actividad con presencia de público durante la semana. Ello afectó la libertad religiosa y de culto, porque todas las expresiones religiosa comunitaria, que es la manera propia de cómo se expresa la fe, quedó suspendida incluso durante la semana.
Esta situación provocó la justa reacción de los fieles y condujo a un diálogo específico
con la autoridad, la cual comprendió los argumentos de los obispos y restituyó la norma a situación anterior, que permite que en fase 2 se pueda reunir en un lugar cerrado, como un templo, hasta 10 personas; y en el exterior, hasta 20 personas.
En este encuentro estuvieron presentes los representantes del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile: El Vicepresidente, Arzobispo de la Serena, René Rebolledo; el Arzobispo de Santiago, Cardenal Celestino Aós; el Obispo de San Bernardo y Administrador Apostólico de Rancagua, Juan Ignacio González; el Obispo de Temuco, Héctor Vargas; el Secretario General, Arzobispo de Puerto Montt, Fernando Ramos y el Secretario General Adjunto, diácono Jaime Coiro; el Ministro de la Secretaría General Presidencia, Juan José Ossa; el Ministro de Salud, Enrique Paris; los subsecretarios de las respectivas carteras, Máximo Pavez y Paula Daza; el Director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR), Jeremías Medina. Fue una conversación en un muy buen ambiente.
También ahí acordamos una reunión de trabajo para conversar un planteamiento acerca de la libertad religiosa en pandemia.
¿En qué va a consistir este planteamiento?
En reconocer el fenómeno religioso como fundamental en la vida de un país y especialmente en momentos de tragedia y dificultad. Para muchas personas la fe religiosa en estos momentos es muy relevante. En ese sentido, vamos a realizar una propuesta en la cual, respetando todas las normas sanitarias (distancia, medición de temperatura, uso de mascarilla y de alcohol gel), se permita la asistencia en cualquier circunstancia (con permiso si es necesario) a las actividades religiosas, según las dimensiones del lugar donde se están reuniendo. La autoridad reconoce que hemos cumplido todas las normas sanitarias establecidas. Es así como, por ejemplo, en la Catedral de San Bernardo y de Rancagua, el domingo pasado se celebró la Eucaristía sin presencia de fieles porque la autoridad había decidido que no se podía asistir de forma presencial. Pero creemos que esa situación debe cambiar.
Monseñor, ¿Por qué es tan importante la libertad de culto y la práctica de la fe religiosa?
Cada confesión religiosa tiene sus propias expresiones de fe y al Estado le corresponde respetar esas maneras. Hay realidades religiosas que no tienen asistencia a los actos de culto como elemento central o es de forma esporádica. En el caso de la religión católica la Eucaristía es el corazón de la vida de la Iglesia, es la renovación del sacrificio de Cristo en la cruz. Un antiguo escritor eclesiástico, hace muchos siglos cuando algún emperador romano trato de impedir la reunión de los cristianos, dijo: “sin la misa dominical no podemos vivir”, porque es esencial. Necesitamos los sacramentos, necesitamos que las personas tengan un permiso para casarse, para poder ir a misa el domingo y durante la semana, porque ello es una libertad esencial de todas las confesiones religiosas, de poder vivir sus propias convicciones y normas internas. En tiempo de pandemia, de dolor, de muerte, la relación del hombre con Dios es esencial y debe respetarse especialmente. Hemos cumplido todas las medidas sanitarias, no tenemos conocimiento de contagios que se hayan producido al interior de los templos de la iglesia católica, porque hemos sido muy cuidadosos. Las iglesias están todas demarcadas. He pedido a los sacerdotes de ambas diócesis que mantengan las iglesias abiertas varias horas en el día para permitir que los fieles puedan rezar delante del Santísimo, sin aglomeraciones.
En ese sentido, apreciamos la capacidad que ha tenido la autoridad de comprender estos argumentos y modificar las medidas dictadas; y, constituir una mesa de trabajo para alcanzar nuevos acuerdos que permita a los fieles ejercer plenamente su libertad religiosa.