Monseñor, por segundo año estamos celebrando Semana Santa en pandemia ¿Cuál es el mensaje frente a esta situación?
Efectivamente, por segundo año consecutivo no podemos celebrar presencialmente los misterios centrales de nuestra fe en Semana Santa, pero evidentemente que los frutos de la Pasión y Muerte del Señor siguen entregándose en el mundo.Es momento decisivo de la historia no solamente de quienes creen, sino de la historia de la humanidad: el hijo de Dios ha venido a esta tierra y ha tomado nuestra naturaleza humana y ha cumplido la voluntad del Padre eterno, que era dar su vida por nosotros en el sacrificio en la cruz. Hemos participado a través de la redes telemáticas en estos acontecimientos que recordamos con las ceremonias de culto.
Por otra parte, agradezco a las autoridades de gobierno y sanitarias, que anunciaron que sepermitirá un mínimo de personas para asistir de forma presencial a las misas. Este es un signo importante, porque reafirma aquello que dijo la Corte Suprema, que el hecho religioso y el culto religioso no puede ser suspendido completamente bajo ninguna circunstancia. Agradezco a las autoridades esta muestra de comprensión hacia una realidad muy importante y esencial en la vida de un país, como es el fenómeno de la religión y de la libertad religiosa.
¿Qué le pido a todos?
Que comprendamos que el Señor nos habla a través de los acontecimientos y lo que está ocurriendo en Chile y muchas partes del mundo, nos debe hacer meditar; y, pensar que aunque caminamos en un mundo difícil, el Señor está siempre con nosotros. Por lo tanto, si sentimos temor, porque la situación es especialmente grave como nos ha explicado la autoridad, confiemos en aquel que es el Señor de la historia y que dirige los caminos.
En ese sentido, pido a todos cumplir estrictamente las medidas que las autoridades nos han señalado. Estamos en un momento, quizás el más delicado de toda la pandemia desde que comenzó y las medidas que se han adoptado son muy estrictas. Pedimos a todos, como Iglesia, a unirse a estas decisiones y a cumplirlas fielmente. Pido también que oremos por aquellos que están sufriendo más, los enfermos, sus familias y que levantemos una oración de Acción de Gracias al Señor por todos los funcionarios de Salud, de las Fuerzas Armadas, de las policías, por todos quienes cumplen funciones esenciales, que pese a las circunstancias, deben seguir trabajando. Estos son los momentos en que una nación demuestra sus virtudes cívicas y también es el momento de que todos seamos ejemplares en el cumplimiento de estas medidas.
Monseñor, ¿Cuál es su mensaje para este Domingo de Resurrección para los fieles, pero también para los sacerdotes que también han sufrido de este encierro y de la falta de celebrar la Eucaristía con presencia de fieles. De hecho, no pudieron celebrar la tradicional Misa Crismal?
Con mis hermanos sacerdotes me he comunicado en varias ocasiones y el pasado miércoles con todo el clero de Rancagua tuvimos un momento de reflexión. A todos ellos les pido, como en otras ocasiones, que saquemos las reservas que tenemos, que son espirituales. Vivimos nuestra vocación, porque Dios nos da la fuerza para hacerlo, y hay que apoyarse en los medios sobrenaturales, en la vida de oración y entrega, imitando a Jesucristo. Y luego que cada uno con su creatividad, como diría el papa Francisco, descubra cómo hacer para llegar a más personas. En algunas partes se está pensando tener ceremonias más breves para que puedan asistir más personas. En situaciones de emergencia creo que se puedan hacer muchas cosas. Es decir, la gracia de Dios viene a través de los medios ordinarios que son los sacramentos, lo cultos, la vida comunitaria, las celebraciones eucarísticas, celebraciones de Semana Santa y otras, pero el Señor no se amarra las manos y nos manda su gracia también por otros medios y nosotros como ministros del Señor, a quien servimos, buscamos la manera de que esa Gracia llegue a la mayor cantidad de personas posible. En ese sentido, quiero este fin de semana elevar un agradecimiento a Dios por nuestro clero, que ha sufrido y sufre por no poder ejercer su ministerio como es habitual y, sin embargo, los veo decididos y contentos, trabajando, y eso es un gran motivo de alegría para el Señor y también para mí, como obispo administrador apostólico de Rancagua. Hermanos sacerdotes adelante con ánimo, con fortaleza y la fuerza que viene de Dios.