Monseñor, ¿Cómo ve la situación actual del país, especialmente, durante las últimas semanas?
Creo que la palabra más adecuada es preocupante. Cada uno tiene su grado de responsabilidad, pero creo que es necesario decir con mucha fuerza que el espectáculo que están dando las autoridades públicas en los diferentes ámbitos, especialmente de la legislación, es lamentable. Significa para muchos chilenos descubrir que nuestra dirigencia, en general, parece tener su cabeza y su corazón en otras cosas, que no es el servicio público del pueblo chileno, al que están llamados. Vemos constantes discusiones intrascendentes, constante defensa de las propias visiones, con poca capacidad de diálogo; vemos tensiones que van aumentando y que crean mayor confrontación en un país, que ya está muy dividido. La política es un servicio que tiene que ver con la caridad, la solidaridad y, particularmente, nuestros representantes en el parlamento nos están dando un triste espectáculo de incapacidad para superar nuestras dificultades, nuestros problemas. No estoy haciendo un juicio político, hago un juicio moral, desde la observación de la realidad y de una persona que está en medio del pueblo sencillo que muchas veces se escandaliza de las autoridades que tiene.
Monseñor, ¿Cómo los sacerdotes, desde su vocación, pueden aportar a crear un mayor ambiente de paz en nuestro país?
Esta semana hemos tenido un hecho muy fuerte y muy penoso y es que el Señor ha llamado a su Reino al padre Iván Mancilla, párroco de Litueche y anteriormente de La Estrella. Un sacerdote muy querido en toda la Diócesis, especialmente en Machalí, su ciudad natal. Al ver todas esas expresiones de cariño hacia el padre Iván nos hace pensar en nuestra propia vocación sacerdotal. El gran servicio de los sacerdotes es hacer de puente para que los hombres y mujeres se comuniquen y dialoguen y, al mismo tiempo, ser ellos ejemplo de tolerancia, de diálogo y cercanía con el más sufre. En ese sentido, creo que en algunos sectores existe una intolerancia hacia este factor religioso y eso hace que el gran aporte de la religiosidad, de la vinculación con Dios, particularmente de la Iglesia católica, no sea valorado. Una prueba de ello son las normas absolutamente irracionales que la autoridad ha entregado para la asistencia a la Santa Misa. Estas normas no existen en ningún país del mundo y, por eso, en los próximos días vamos a tomar contacto con las autoridades para pedirles que recapaciten. Además, las normas que restringen la posibilidad de asistir a misa son resoluciones de un ministerio, son actos administrativos, arbitrarios, que están restringiendo la libertad religiosa en Chile. Eso lo ha dicho esta semana el informe mundial de Libertad Religiosa realizado por la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN). Comprendemos que la pandemia debe ser controlada y cumplir las medidas de resguardo, pero éstas son perfectamente compatibles con la libertad religiosa.
Monseñor, ¿Cuál es su mensaje para este domingo cuando se celebra la solemnidad del Buen Pastor y para la campaña “Cinco panes y dos peces” que esta semana se puso nuevamente en marcha?
El Buen Pastor significa que este domingo es la Jornada Mundial de las Vocaciones y necesitamos hombres y mujeres que se entreguen a Dios completamente. Todos estamos entregados a Dios por el bautismo, todos tenemos vocación a la santidad, pero el Señor necesita hombres y mujeres que sean capaces dedicarse completamente a Él y al prójimo y para ello son las vocaciones sacerdotales y a la vida religiosa. Por eso, en esta Jornada Mundial de las Vocaciones vamos a orar y promover esta vocación que es la más hermosa, la de servir a Dios. Necesitamos sacerdotes, necesitamos en nuestra Diócesis de Rancagua volver a levantar el Seminario Cristo Rey, pues tenemos dos seminaristas que están estudiando en otro seminario, acá tenemos el Seminario cerrado. Históricamente, la realidad diocesana era que existían muchas vocaciones. Eso tiene muchas causas, pero también muchas consecuencias y esa es que estamos rezando poco por las vocaciones y no las incentivamos en la familia; y hacemos de la posibilidad de la vocación algo imposible, porque encuentra resistencia incluso en el mundo católico. Eso debe cambiar. Y cambiará cuando nos vean a los sacerdotes dedicados exclusivamente al servicio.
De este servicio se deduce un hecho importante en esta época. Porque a través de los sacerdotes, las parroquias y las Caritas, estamos retomando la campaña “Cinco panes y dos peces”. Comienza el invierno y el país está pasando por un problema económico cada vez más severo, el desempleo se hace más presente. Por ello, la campaña está dirigida especialmente a las personas y familias con mayores necesidades, a los adultos mayores con situación difícil tanto en sus domicilios, como en los hogares, a los comedores populares, a las ollas comunes que ya están empezando a crearse nuevamente. Por lo tanto, llamo a todos a volver a ponerse en campaña para conseguir los recursos para hacer llegar alimentos a todas las personas que lo necesitan.