Monseñor, en el mes de octubre la Iglesia celebra el Mes de la familia y también de las Misiones ¿Cómo podemos ser verdaderos misioneros de la Iglesia?
Cada año, el cuarto domingo de octubre es el Domingo Universal de Misiones. La Iglesia ha nacido para evangelizar, esa es su misión y, si bien, está extendida por toda la fase de la tierra, eso no quiere decir que todos conozcan al Señor. Parece extraño, pero todavía hay zonas del mundo donde no han oído hablar de Jesucristo. Nosotros hemos nacido en un ambiente cristiano, con la imagen de la Virgen, hemos crecido visitando Pelequén, La Compañía, Puquillay. Por ello, es tarea de toda la Iglesia, de todos los cristianos, evangelizar, hablar de Dios, y rezar para que todos tengamos un espíritu misionero y el Señor sea conocido, amado y servido: lo primero es aportar con la oración.
Cuando pensamos en los territorios de misión, éstos son lugares lejanos. A ellos la Iglesia llega no sólo a rezar el Padre Nuestro y el Ave María, llega también con una promoción social que implican recursos, para, por ejemplo, una escuela, un dispensario para atender a los enfermos, porque no hay hospitales. Junto a todo este trabajo social y de promoción, también hay que apoyar a los misioneros que van a diferentes lugares para llevar la palabra de Dios. Por eso, en el Domingo Universal de Misiones también se pide nuestro aporte en dinero para sostener la tarea evangelizadora de la Iglesia.
Monseñor, en nuestra iglesia particular ¿Cómo podemos vivir este espíritu misionero?
Nosotros como Iglesia en Chile y en Rancagua hemos sido beneficiados muchas veces por instituciones de Iglesia que nos han apoyado, por ejemplo, en la reconstrucción y obras sociales, que debemos agradecer y también devolver ese apoyo. A nuestra Diócesis también han llegado misioneros a trabajar con nosotros, pero también desde nuestras comunidades pueden surgir vocaciones misioneros. Se necesitan misioneros que lleguen a nosotros, que estén entre nosotros, y que también salgan de entre nosotros para que, algunos, vayan lejos; y otros, puedan misionar en nuestras comunidades parroquiales: veo cómo crece nuestra ciudad y en esos lugares no hay una capilla, una Iglesia, entonces nosotros debemos llegar a esos lugares. Poder salir y llevar el mensaje de Dios, rezar donde no hay un lugar de culto, convocar a la gente.
Hace algunos años estuvo esta reunión de aparecida en Brasil, donde se acuñó el concepto de ‘discípulos misioneros’, hombres y mujeres discípulos que miramos y escuchamos al Señor, pero que también salimos a evangelizar, que también hablamos. Para ser misionero no se necesita saber mucho, lo que se necesita es amar y creer de verdad y aquello anunciarlo a otros.
Monseñor, por otra parte, el 18 de octubre nuestra Diócesis cumplió 96 años desde su fundación ¿Cuál es su mensaje para los feligreses de esta Iglesia?
Somos una Iglesia diocesana, una iglesia particular. Todos formamos parte de la Iglesia católica, pero ésta se divide en diócesis y a la cabeza hay un obispo. Esa realidad la vive Rancagua desde 1925 cuando fue creada, y ya vamos camino a los 100 años de una iglesia particular, que ha tenido obispo, sacerdote, y tantas obras evangelizadoras apostólicas que se han realizado.
Le diría a los hermanos y hermanas católicos que nos alegremos de ser una iglesia particular y que eso signifique ser una familia en comunión y sentirnos parte de ella. Somos católicos que vivimos nuestra fe en esta iglesia que camina en esta diócesis de Rancagua, que está formada por sus provincias de Cachapoal, Colchagua, Cardenal Caro y conformada por cada una de sus parroquias. Invitar a sentirnos parte de ella y vivir en esa comunión a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a los catequistas, a los jóvenes: ser familia diocesana que busca ser fiel a Jesucristo y responsable con esa evangelización que recibimos hace tantos años. Si bien, somos diócesis desde 1925, el Evangelio llegó por estos lugares poco después del año 1500. Entonces sentiros responsables de todo lo que aquí se ha trabajado en la tarea evangelizadora, ahora esa tarea nos corresponde a nosotros continuarla, a las nuevas generaciones seguir trabajando, para que esta diócesis siga siendo fuerte en su catolicidad, en su espíritu fraterno, misionero, que podamos ser una iglesia que crezca en espíritu de oración y para realizar lo que Dios pide a cada uno de nosotros. Alegrarnos por este aniversario y mirar hacia el futuro, para comenzar a preparar el centenario de la diócesis, porque son fechas que marcan y que nos tiene que llevar a mirar lo que hemos vivido y proyectarnos hacia el futuro de esta iglesia, cada vez más sinodal y como dice el papa Francisco todos remando en la misma barca para llegar a puerto seguro.