Monseñor, ¿Cuál es la importancia del pesebre para los católicos en Navidad?
La Navidad para los católicos es recordar y alegrarnos con el hecho del nacimiento de Jesucristo y Salvador del mundo y, por eso, hay cena, hay fiesta, hay luces y árboles de Navidad. Para nosotros los cristianos el centro es poder mirar a Jesucristo que nace.
La Iglesia siempre ha celebrado el nacimiento de Jesús y la misa de Nochebuena, pero fue –alrededor del año 1.200- que surgió esta idea de San Francisco de Asís de solemnizar esta misa y hacer más presente el hecho del nacimiento. Es así como hoy todavía en muchas parroquias se realiza el pesebre viviente. Una hermosa iniciativa, donde participan niños, jóvenes y adultos. Hoy existen muchas posibilidades para tener un pesebre en nuestros hogares, de confeccionarlo en familia e incluso de sacarlo desde internet y armar uno, con el misterio de María y José; y, junto a ello poner todos los adornos que quieran, para poder contemplar y mirar, imaginar e involucrarnos en ese pesebre y ser un personaje más en él. Existe mucha profundidad en este misterio y creo que a todos nos hace bien tenerlo en nuestros hogares.
Invito a todas las familias a tener un pesebre en sus hogares y ponerlo en un lugar especial y visible, no como una cosa más amontonada. El pesebre debe estar en un lugar destacado, con algunas velas encendidas, flores u otros adornos que le den vida. Los invito a que lo hagan y lo hagan en familia con mucha fe, cariño y creatividad.
También en nuestra iglesia existe una preocupación por confeccionar pesebres grandes y bonitos en las parroquias, porque son el pesebre de toda la comunidad, del barrio de la ciudad, para ir a rezar y dedicarle un tiempo para contemplar el misterio de Dios que se hace hombre. En el pesebre todos miran a alguien y miran la imagen del niño Jesús. Entonces, todos nosotros en Navidad debemos hacer lo mismo e invito a que Navidad sea lo que tiene que ser la fiesta de Jesús, la fiesta de todos, Jesús ha venido a salvarnos a todos. El pesebre, con todo su colorido, su luminosidad, nos enseña a mirar a Dios que nos ha venido a salvar.
Monseñor, ¿Cuál es su mensaje frente al consumismo que a veces se genera en Navidad?
La fiesta de la Navidad tenemos que celebrarla, es bonito regalar y recibir regalos. Entonces, ser sobrios, no volvernos locos y pensar que el regalo más caro es el mejor. Son los pequeños detalles, los pequeños signos los que nos hacen bien a todos.
Estamos viviendo tiempos que no son fáciles, tiempos que han sido angustiosos, de desesperanza. Por lo mismo necesitamos hacernos sentir que nos queremos y que nos preocupamos unos de otros, y, sin duda, a ello ayudan los regalos, pero invitaría a la sobriedad y también a preocuparnos por el otro, por quienes no siempre lo pasan tan bien, para que vivan una bonita Navidad. En ese sentido, si podemos ayudar a una familia con una cena de Navidad, si podemos comprar un regalo para alguien más desposeído, hagámoslo.
En el espíritu de la Navidad, pienso cómo San José y la Virgen lograron hacer de una cueva de animal, desordenada, quizás maloliente y oscura, en un hogar. José debe haberla limpiado, ordenado, iluminado y adecuado para el nacimiento de un niño. Ello, es una gran enseñanza para el Chile de hoy. Un Chile que a veces vemos distanciado, con desesperanza, con rabia, pero si asumiéramos que cada uno puede aportar algo para hacer de él algo distinto, como lo que hizo María y José, que adecuaron el lugar como su hogar. Nosotros podemos hacer lo mismo. ¿Cómo puedo ayudar a que nos entendamos? ¿Cómo puedo limpiar esto que se ha ensuciado de tantas críticas de unos para con otros? Algo podemos hacer y creer que ese algo si se puede hacer y si puede ayudar. Uno si puede ayudar a que Chile sea distinto en su casa, en su barrio, en el trabajo. La Navidad suscita en nosotros los mejores sentimientos entonces ese espíritu aprovechémoslo para que nuestro Chile sea un poco mejor.