Monseñor, ¿Por qué el Papa cada año en enero entrega un mensaje de la Paz?
Cada año, cuando llega el año nuevo y nos abrazamos y nos deseamos lo mejor, sin duda, que el gran deseo que hay en el corazón de todas las personas es poder tener paz, que es un don de Dios, pero que también es tarea y trabajo nuestro. Por eso el Papa desde hace más de 50 años -esto comenzó con el papa Pablo VI- el día 1 de enero da un mensaje a todo el mundo, en especial a los creyentes y personas de buena voluntad, donde como padre y pastor universal, nos va mostrando caminos. La paz es un don de Dios y siempre rezamos por ella, la pedimos de manera personal, para nuestro país, para el mundo entero, para la Iglesia, cuando rezamos en la misa antes de la comunión.
El Papa nos dice que la paz es un don de Dios, pero también es trabajo nuestro y nos va dando pistas: hay veces que le habla de forma especial a los gobernantes, a los que tienen responsabilidades especiales, pero todos somos constructores de la paz.
Este año el Papa Francisco ha invitado a que todos nos sintamos constructores de la paz. Entonces es bueno que este mensaje lo podamos acoger y reflexionar durante el mes de enero y a lo largo del año, porque está lleno de enseñanzas que no debemos dejar pasar.
Monseñor, ¿Cuáles son los caminos que propone el Papa Francisco para alcanzar la paz?
En este mensaje para el año 2022 el Papa nos habla de tres caminos: uno, del diálogo y no uno cualquiera, sino un diálogo inter generacional. Para la paz siempre el diálogo es un camino y a eso se invita, a los pueblos, a los gobernantes, entre las familias, las instituciones; que tengamos la capacidad de sentarnos y conversar; de escuchar y descubrir aquello que está aportando el otro y no pensar que es uno el que tiene la razón, sino buscar en comunión la verdad plena. El Papa invita a este diálogo inter generacional.
El segundo camino para la paz, dice el Papa Francisco, es la educación. En la medida que nuestros niños, jóvenes tengan acceso a la educación, al progreso, sin duda, habrá una contribución al camino para la paz, porque si no hay formación hay pobreza, se multiplican las injusticias y eso es caldo de cultivo para las tensiones, la violencia y para la guerra.
El tercer camino para la paz es el trabajo, que uno pueda realizarlo con alegría, con dignidad, un trabajo que sea reconocido y valorado. Cuando no hay trabajo o cuando las relaciones laborales son tensas se van produciendo dificultades que llevan a quiebres entre las personas; y cuando el trabajo no es valorado, se van produciendo resentimientos.
Entonces son tres los caminos que propone el Papa Francisco para la paz: el diálogo inter generacional, la educación y el trabajo.
Monseñor, ¿Por qué el diálogo inter generacional es un camino para la paz?
Es tan lúcido lo que dice el papa Francisco y lo ha expresado a lo largo de su Pontificado. Él señala la importancia de que las nuevas generaciones sepan escuchar a las generaciones mayores, para que los abuelos puedan de alguna forma traspasar su experiencia. Ello implica darse tiempo, conversar. Es muy valiosa la experiencia de lo que han vivido los adultos mayores, las penas, los conflictos, las luchas que tuvieron que dar, las decepciones, las alegrías, los logros, es bueno que las nuevas generaciones sepan escuchar y aprender de ellos, de la capacidad de sobreponerse a la adversidad, de empuje, de fuerza, de su sacrificio, generosidad y paciencia. Ello puede iluminar también la vida de los jóvenes. Al mismo tiempo, a los adultos mayores les hace bien escuchar e ir aprendiendo de los jóvenes, ellos también pueden enseñar a los adultos. Hoy, en tiempos de pandemia, hemos visto como los niños y jóvenes les han enseñado a utilizar la técnica, por ejemplo. Ello produce relaciones muy bonitas, donde sentimos que nos necesitamos los unos a los otros. El diálogo inter generacional es un camino hacia la paz, porque se produce una valoración de la historia de cada uno, con respeto y cariño hacia los adultos mayores y de ellos hacia las nuevas generaciones. En esa capacidad de querernos, de respetarnos y dialogar vamos construyendo la paz. Cuando hablamos de la paz no es solo cosa de los gobernantes, porque el Papa habla de la ‘arquitectura’ de la paz y del ‘artesanado’ de la paz y ello es cosa de todos. En ese sentido, tendrán que dialogar los esposos, los padres con los hijos, los abuelos con los nietos. En el diálogo, en el compartir experiencias, vamos creciendo y aprendiendo de los demás y así se va produciendo el ‘artesanado’ de la paz
Monseñor, en ese sentido, ¿Cuál sería su llamado a los católicos para contribuir a la construcción de la paz a través del primer camino propuesto por el papa Francisco?
Lo primero, pedir insistentemente a Dios por el don de la paz; segundo, trabajar por ella y sentir esa responsabilidad. Uno de los caminos es el diálogo entre las generaciones, pero también entre todos, entre las instituciones. No perder la esperanza en el diálogo, porque cuando se pierde esa esperanza, vence la violencia y la división.