Palabras del Pastor

La Humildad

"Aprendamos de Jesús a ser humildes. Humildad es entonces lo que necesitamos, humildad para no creernos dioses, sabernos con alegría criaturas que podemos en medio de nuestras dificultades mirar hacia el Señor, en el cual se encuentra la paz. Sin humildad no agradaremos ni a Dios ni a los hombres. Ella es la base para una convivencia sana, con ella tendremos paz, serenidad, comprensión, generosidad, perdón, obediencia", aseveró el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto.

Hermanos y hermanas:

En el Santo Evangelio leemos estas hermosas palabras de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. Jesús nos invita a descansar en él y de él aprender a ser humildes.

En la vida todos pasamos momentos de agobios y cansancios, que bueno es poder contar con   personas en las cuales de alguna manera podemos descansar. Valiosos son los amigos en cuya compañía nos vemos confortados, animados, con quienes recuperamos fuerzas. En verdad debemos cuidar de esos amigos y procurar ser nosotros buenos amigos para los demás; de ahí nuestra preocupación no sólo por no echar preocupaciones innecesarias sobre los demás, sino también por saber ayudar a sobrellevarlas a quienes las tienen.

Liberar a los demás de lo que les pesa, a veces consistirá en prestar un pequeño servicio, en dar una palabra de ánimo y de aliento, en ayudar a que esa persona se encuentre con Dios, creo que todos de alguna manera lo podemos hacer como también hemos de darnos cuenta de que, con nuestros caprichos, juicios precipitados, crítica negativa, faltas de consideración y palabras hirientes hacemos más pesada la vida de los que nos rodean. Qué grande es para el creyente estar convencido de que el Señor siempre nos espera y nos ayudará a deponer nuestras actitudes de soberbia, de falta de humildad, en Él podemos encontrar alivio y gracia para continuar.

Jesús nos invita a cargar su yugo. Para algunos, en este tiempo palabras como éstas huelen a sometimiento, a falta de libertad. Para el creyente nada mejor que someterse a su Señor, con la convicción más clara que junto a Él y en el hacer vida su enseñanza está la verdadera libertad. En nuestro mundo, sin duda, que hay muchas cosas buenas, positivas, cosas que agradan a Dios, pero también hemos de ser sinceros que en un afán de querer hacer nuestra voluntad muchas veces nos alejamos de Dios, y ante esta realidad creo que es bueno no olvidar estas palabras de San Juan Pablo II: “El hombre puede construir un mundo sin Dios, pero tarde o temprano ese mundo se volverá contra el hombre”.

Hoy cuando nos vamos casi acostumbrando a encontrar normal lo que no es, y a aceptar  conductas que no conllevan a una perfección de la humanidad, pienso que todos hemos de sentir  la  invitación de Jesús a cargar con su yugo liviano, es decir, a querer vivir sus enseñanzas, aunque nos cueste, pero con la seguridad que ese es el camino que lleva a la vida y a la libertad plena, lo otro, el querer hacer nuestra voluntad. El que venza en nosotros la soberbia, eso lleva al agobio y a la desesperanza.

Si alguna vez nos encontramos con un peso que nos resulta demasiado duro para nuestra fuerza, no dejemos de oír las palabras del Señor: “Vengan a Mí”. Sólo Él restaura y da la fuerza, sólo Él calma la sed. Jesús siempre está invitándonos. Él nos ofrece su amistad, bondad, como remedio para nuestros males. Incluso más, cada día y cada domingo se nos ofrece como alimento para que nuestra vida se  renueve, por esto, la importancia que hemos de dar a la participación en la Santa Misa.

Aprendamos de Jesús a ser humildes. Humildad es entonces lo que necesitamos, humildad para no creernos dioses, sabernos con alegría criaturas que podemos en medio de nuestras dificultades mirar hacia el Señor, en el cual se encuentra la paz.  Sin humildad no agradaremos ni a Dios ni a los hombres. Ella es la base para una convivencia sana, con ella tendremos paz, serenidad, comprensión, generosidad, perdón, obediencia. Pidámosla hoy para nosotros y para todos los hombres y mujeres de nuestro mundo, si la tenemos tendremos menos cansancios y agobios y aunque nos parezca difícil, seremos un poco más parecidos a Jesús.

En el Mes de María que estamos celebrando cada día, rezamos: que cultivaremos la humildad, modesta flor que es tan querida a la Virgen y que Ella vivió en plenitud. Porque era humilde Dios se fijó en María.Queramos esa humildad para nosotros para que Dios se fije también en nosotros y podamos hacer más agradable la vida de los demás.

Que Dios les bendiga

+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua