Palabras del Pastor

Obispo de Rancagua hace un llamado a orar incesantemente por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Monseñor Guillermo Vera invita a que “en este domingo del Buen Pastor demos gracias por los sacerdotes, por aquellos pastores que tú has conocido en tu vida, que te han ayudado en el camino de la fe, que te han escuchado y que te han orientado”.

Hermanos y hermanas:

 

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis

fuerzas.

Aunque camine por caminos tenebrosos,

no temeré ningún mal, porque tú Señor vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término.

(Salmo 23)

 

 

Hermoso es este salmo que tantas veces hemos rezado y cantado cuando nos reunimos como Iglesia a celebrar nuestra fe o en distintos momentos de oración.
Un salmo que Jesús, nuestro Señor, y la Virgen Santa, como buenos judíos, rezaban y cantaban.

Jesús, también, cuando iba predicando junto a las orillas del lago en Galilea, contemplando las lomas que verdeaban de pastos y donde estaban los rebaños de ovejas, un día dirá: “Sí, yo soy el Buen Pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen y me siguen”.
Hermosísima figura que el Señor quiso usar para referirse a sí mismo.

Todos nosotros hemos contemplado esa imagen de Jesús guiando a unas ovejas o cargando a una sobre sus hombros. De una hermosa manera, el Señor quiso hablar de sí mismo, de su preocupación por cada uno de nosotros, de la ternura que nos tiene, de cómo nos busca cuando a veces nos hemos ido por otros caminos y, aunque nos encuentra heridos, nos carga sobre sus hombros, sana nuestras heridas y nos hace volver al redil.

El Señor es nuestro Pastor; dejémonos entonces guiar por Él, sigamos su palabra. Así como cada oveja conoce la voz y el silbido de su pastor, que también nosotros sepamos conocer la palabra del Señor y seguirla. Dejémonos también encontrar por este Jesús que no se cansa de buscarnos cuando de Él nos hemos apartado.

 

Jesús es el Buen Pastor

En este cuarto domingo del tiempo de Pascua, la Iglesia nos invita a meditar en esta imagen de Jesús como el Buen Pastor de nuestras vidas; y, a la luz de esto, nos invita a que todos, como Iglesia, podamos pedir que la Iglesia de Dios, de la cual todos nosotros formamos parte, tenga los pastores que necesita; es decir, aquellos hombres que, recibiendo un llamado especial del Señor, quieren dedicar su vida y consagrarla a acompañar la vida de fe de los hermanos, a caminar con ellos, a animarlos, a hacerles sentir también la ternura de Dios y a buscar a aquellos que se han alejado.

Esa es la tarea, en primer lugar, que nos corresponde a nosotros como sacerdotes. Es la tarea que también, de alguna manera, cumplen los diáconos, viven los religiosos y religiosas, y la tarea que también a ti, en tu casa, te corresponderá con tus hijos y nos corresponderá con nuestros amigos.

Todos, de alguna manera, estamos llamados a cuidarnos, a velar unos por otros, a mostrarnos el buen camino, a saber buscar a aquel que se ha perdido. Todos hemos de ser como pastores, como Jesucristo; es algo que también nos corresponde en nuestras vidas.

Este domingo del Buen Pastor les recuerdo algunas cifras que es bueno tener presentes:

En Chile somos 1.659 sacerdotes, entre sacerdotes religiosos y sacerdotes diocesanos. Por supuesto, entre ellos hay un número importante de sacerdotes que ya son mayores o que pueden estar enfermos.

En nuestra Diócesis de Rancagua alcanzamos a los 100 sacerdotes para poder atender las necesidades de la vida pastoral en esta diócesis, que está compuesta por 67 parroquias y más de 700 capillas.

Sin duda, aunque somos casi 100 sacerdotes, no alcanzamos a dar cobertura a cada comunidad. Hay algunos sacerdotes que atienden hasta tres parroquias juntas. Esa es la realidad que hoy vivimos.

También hemos de tener presente que, en nuestro país, en este momento hay 89 jóvenes preparándose para ser sacerdotes, de los cuales seis son jóvenes de nuestra Diócesis de Rancagua.
Por ello, tenemos motivos para agradecer al Señor: en nuestra diócesis hay sacerdotes y hay jóvenes preparándose para serlo. Además, hay un grupo de jóvenes discerniendo su vocación para, en los próximos años, ingresar al Seminario y formarse para ser sacerdotes.

Esto es algo por lo cual tenemos que estar siempre rezando. Les invito, entonces, a que oremos incesantemente por las vocaciones sacerdotales.

Las vocaciones saldrán de la familia, de esas familias que ustedes han creado y de las cuales ustedes forman parte como católicos.

Recen para que entre ustedes surja alguna vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, y ustedes —padres y abuelos— animen también y digan a sus hijos: “Estaríamos felices de que alguno de ustedes pueda ser sacerdote, pueda consagrar su vida al Señor en la vida religiosa”.

Hemos de promover la vocación al sacerdocio, a la vida religiosa y también la vocación al matrimonio. Hay muchos matrimonios cristianos que tienen hijos, y de ellos saldrán más vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

En este domingo del Buen Pastor demos gracias por los sacerdotes, por aquellos pastores que tú has conocido en tu vida, que te han ayudado en el camino de la fe, que te han escuchado y que te han orientado.

Reza por cada uno de nosotros, por nuestra fidelidad al Señor y para que podamos vivir nuestro ministerio con mucha alegría, con entrega generosa, y podamos ser pastores, como nos enseñaba el Papa Francisco: a veces debemos ir delante de las ovejas, delante de la comunidad, abriendo caminos; a veces debemos ir en medio, compartiendo con todos la vida en este seguimiento de Cristo; y a veces un poco atrás, sabiendo también cuidar a los que van quedando en el camino e invitándolos a que todos sigamos a Jesucristo, el Buen Pastor y el único Salvador.

Vivamos con alegría este domingo del Buen Pastor. Recen por sus sacerdotes, para que ellos puedan experimentar en este domingo tu cariño, tu cercanía, tu saludo, tu recuerdo y tu agradecimiento por esa vida consagrada.

Como Iglesia, pidamos —pidamos con insistencia— para que el Señor siga llamando y para que aquellos que son llamados escuchen esa voz del Pastor que les invita a ser uno con Él en este acompañar la vida de la gente.

Nuestros seminaristas, en la Misa Crismal, invitaron a que toda la comunidad rece por más vocaciones. Nos entregaron una oración hermosa y breve, que comparto con ustedes y que ojalá muchas veces puedan rezar en las parroquias (ver a continuación).

Hermanos y hermanas, recen por sus pastores; recen por aquellos que conocieron y que ya no están con nosotros, para que puedan celebrar eternamente al Señor allá en el cielo.

¡Que Dios les bendiga! Y sigamos caminando juntos como Pueblo de Dios tras las huellas de Jesús, el Buen Pastor.

 

 

+Mons. Guillermos Vera Soto

Obispo de Rancagua

 

 

 

Oración por las vocaciones sacerdotales

Diócesis de Rancagua

 

 

Señor Jesucristo,

Rey y Señor de la mies,

mira con amor a tu Iglesia

y, en especial, a nuestra Diócesis de Rancagua.

Suscita en medio nuestro

muchos y santos sacerdotes

según tu corazón,

que llenos de tu Espíritu,

busquen la gloria del Padre

y sirvan fielmente a tu Pueblo.

La mies es abundante y los obreros pocos.

Envía, Señor, santos sacerdotes a tu mies.

Amén.

 

Virgen María protege a los sacerdotes.

 

..