Hermanos y hermanas:
Es hermoso cómo en la Sagrada Escritura se nos relata el hecho maravilloso de la creación. Con qué cariño Dios hace todas las cosas, con qué agrado las contempla. Toda la creación manifiesta su gloria y poder, y Dios la hace pensando en el ser más grande de la creación: cada hombre y mujer.
La creación entera es puesta en las manos del ser humano para que, junto con gozar de ella, administre lo que se le ha entregado. El hombre recibió inteligencia y capacidad de dominar todo lo creado para trabajar bien lo que se le confía.
Al entrar el pecado en el mundo, se produce un quiebre tan grande que influirá también en la creación entera, la cual espera ser liberada de la corrupción, como nos enseña san Pablo.
En el último tiempo ha crecido una conciencia cada vez más fuerte de cómo tenemos que cuidar la creación, ya que ella es nuestro hogar y también lo es para las generaciones futuras. En nuestra sociedad ha crecido una conciencia de cómo debemos cuidar las diferentes especies, y qué bueno que así sea; pero, lamentablemente, no siempre se cuida y vela por todas ellas y por la que es la más importante de todas: la especie humana. Así, por ejemplo, se hacen grandes esfuerzos por salvar ballenas y focas, pero, por otro lado, se favorece o promueve el aborto o la eutanasia.
La creación hemos de cuidarla. Con todo, la naturaleza no se puede endiosar; ha sido entregada al hombre para que, usándola bien, saque de ella lo necesario para vivir y progresar. El problema radica en que nosotros no siempre sabemos usarla y, en tantos casos, se ha abusado de la naturaleza, lo cual se ha revertido en contra nuestra. Hemos perdido especies, se ha dañado el hábitat de aves, animales, peces y del mismo ser humano.
Es bueno, entonces, que tomemos conciencia del entorno en el cual vivimos, que no nos sean indiferentes las noticias de desastres ecológicos que suceden lejos de nosotros, porque también nos afectan; somos parte de este mundo. Tratemos de poner lo que esté de nuestra parte para impedir que estos desastres se continúen dando y comencemos por cuidar el entorno en el cual nos movemos. También así estaremos ayudando a cuidar este mundo que se nos ha encomendado.
Reforcemos los hábitos personales de orden y limpieza en el hogar, oficinas, escuelas, lugares que frecuentamos y las calles. No es lo mismo arrojar un papel fuera o dentro del papelero. Promovamos algunas campañas ecológicas sencillas en las escuelas y entre los vecinos. No olvidemos nunca que nuestro entorno va mucho más allá de las paredes de mi casa.
Estemos atentos a los proyectos que puedan implicar cambios profundos que después debamos lamentar. Hoy se pueden hacer estudios serios y responsables que ayuden a prevenir catástrofes ecológicas, pero todo esto debe ser publicitado, estudiado y compartido con todos los grupos humanos comprometidos, de manera honesta y responsable.
No debemos cerrarnos al uso de la naturaleza, de la creación, pero tampoco pasarla a llevar, porque eso, tarde o temprano, se vuelve en contra del ser humano, centro de la creación de Dios.
Que Dios los bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua