Hermanos y hermanas:
Cada año, en torno a la memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, la Iglesia nos invita a un momento de oración y reflexión por nuestros adultos mayores, especialmente por los abuelitos y abuelitas de nuestras comunidades.
Esta celebración coincide este año en domingo, una hermosa oportunidad para rezar y acompañar a nuestros mayores, quienes son un gran tesoro para nuestras familias y nuestra sociedad. Porque, si bien en la mayoría de los casos nuestros abuelos son estimados y cuidados, no es menos cierto que muchos de ellos se sienten solos y no suficientemente acompañados.
Frente a esta triste realidad, que se hace especialmente patente en los hogares de ancianos, donde muchos de sus residentes miran hacia la puerta esperando que alguno de los suyos vaya a visitarlos, desde la fe hemos de hacer sentir a nuestros mayores que Dios nunca los olvida, como nos lo recuerda el profeta Isaías: "Yo he cargado con ustedes desde antes que nacieran; yo los he llevado en brazos y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas todavía los sostendré. Yo los hice y seguiré cargando con ustedes; yo los sostendré y los salvaré."
Esta certeza de que Dios siempre está con nosotros y nos cuida hemos de hacerla visible con nuestros gestos, palabras y cercanía hacia los mayores de nuestras familias. Que ninguno sienta que es una carga, que es ignorado o abandonado. Al contrario, que los cuidados, la cercanía, las visitas, la atención a sus necesidades y la posibilidad de disfrutar de sus hijos, nietos y bisnietos sean para ellos motivo de esperanza y alegría. Que no se sientan solos. Todo ello llenará de vida a nuestros abuelos y mostrará a las nuevas generaciones las raíces en las que están insertadas sus vidas. ¡Cuánto pueden aprender los niños y los jóvenes de sus abuelos!
La Iglesia conoce el sufrimiento de los mayores. Por eso, desde sus orígenes ha manifestado una especial preocupación por ellos. Ya los primeros cristianos de Jerusalén organizaron la atención a las mujeres viudas y, con el paso del tiempo, surgieron congregaciones religiosas dedicadas al cuidado de los ancianos.
En Chile, la Fundación Las Rosas, institución nacida gracias al empeño y la visión del sacerdote don Sergio Correa, es una de las obras católicas que más servicio presta a los adultos mayores. En nuestra Diócesis de Rancagua existen hogares en las ciudades de San Fernando, Santa Cruz y Rancagua, atendidos por religiosas que han consagrado su vida al cuidado de nuestros hermanos mayores.
Con gran esperanza esperamos que, próximamente, en Malloa y Doñihue, gracias al aporte de las parroquias y del Estado, puedan levantarse nuevos hogares de ancianos que serán administrados por la Fundación Las Rosas. Será una nueva muestra de que, en medio de nuestra Iglesia diocesana, sabemos cuidar y valorar a nuestros mayores como el tesoro que son. Que este mismo espíritu se viva también en cada una de nuestras comunidades parroquiales y en nuestras familias.
Queramos y cuidemos mucho a nuestros mayores. Que ellos experimenten nuestra cercanía y que nosotros podamos contar con la oración de cada uno de ellos. Que nuestros abuelos, que supieron enseñarnos la fe, la sigan manteniendo viva con su ejemplo y con sus ruegos por nosotros ante el Señor.
Que el Señor nos renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad. Tengamos siempre presente que Él nunca se olvida de nosotros.
Dios les bendiga,
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua