Muy queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosas, catequistas, agentes pastorales y a todos los presentes:
Gracias por estar aquí, por su amor perseverante al Señor, a la iglesia, al apostolado.
El texto de la Misa de hoy, tomado del profeta Oseas, comienza diciendo. “Vengan, volvamos al Señor”. Hoy, esta palabra se cumple en medio nuestro, aquí estamos reunidos en ambiente de oración y de fiesta, en ambiente fraterno, de Iglesia, deseosos de volver a comenzar este año de trabajo pastoral, imbuidos de la fuerza a que nos da saber que, celebramos un año jubilar de la Iglesia universal y del centenario de nuestra diócesis.
Como ”peregrinos de esperanza,” que siempre debemos ser, luego de un año 2024 en que como agentes pastorales de nuestra diócesis nos esforzamos por trabajar diligentemente en las tareas pastorales que cada uno ha asumido, descansamos un tiempo de nuestras tareas, como el Señor lo quería para sus apóstoles luego de las jornadas evangelizadoras; luego de ese merecido descanso reemprendemos el camino pastoral, lo hacemos con gran esperanza y deseando que todos nosotros trabajemos con seriedad y respeto por nuestra salvación, como nos enseña el apóstol.
Nuestra historia
Hace 430 años atrás se plantó el árbol de la Cruz en esta región, desde ese momento ha sido incesante el trabajo de sacerdotes, religiosos, diáconos, catequistas y familias, por mantener encendida la luz de la fe en los corazones de los hijos e hijas de esta tierra. Ha sido un caminar, sin duda como todas las cosas, donde hay personas comprometidas. Ha habido de luces y de sombras, de logros alcanzados y de semillas frustradas, de trabajo perseverante y de cansancios alegres, de muchos caminando y de algunos quedándose atrás o yéndose por otros caminos. Pero todo este trabajo misionero y pastoral no es solo cosa humana, es en primer lugar obra de Dios, que ha movido muchos corazones y voluntades para realizarlo, y por medio de su Espíritu ha obrado en ellos muchas maravillas.
Es así entonces que hace cien años se creó la diócesis de la Santa Cruz de Rancagua, de la cual formamos parte. Hoy al reiniciar nuestras actividades hacemos memoria agradecida de la misericordia de Dios manifestada en toda la historia de esta Iglesia, plasmada en su gente generosa que no podemos olvidar: obispos, sacerdotes, diáconos, misioneros, congregaciones religiosas masculinas y femeninas, laicos, hombres y mujeres que, contemplando la Cruz de Cristo, han sacado de ahí la fuerza, el impulso para servir evangelizando.
El recuerdo agradecido de tanta gente, ha de movernos a volver al Señor en este año jubilar 2025, con renovado fervor misionero. Sí, volvamos a recomenzar nuestras tareas, sepamos cosechar los frutos de lo que otros sembraron y que hacen que esta zona sea católica, roturemos esos campos, a veces duros, que son el corazón de muchos y sembremos con fe y esperanza, con paciencia y perseverancia, el evangelio; sigamos así construyendo la iglesia diocesana y que en esta tierra su gente puede mantener y crecer en la esperanza.
Conocer al Señor
Hermanos y hermanas: “Vengan, volvamos al Señor”, como dice el profeta, pero el mismo continúa. “Esforcémonos por conocer al Señor”. Sí, hoy es tarea para cada uno de nosotros, profundizar en el conocimiento y vivencia de la fe, para poder decirle a los hermanos, aquello de San Juan: “lo que mis ojos vieron, mis manos tocaron , mis oídos oyeron , eso es lo que les anuncio”, es decir, hemos de anunciar no unas ideas bonitas, sino que hemos de anunciar a Alguien de quien hemos tenido una experiencia de amor y misericordia en nuestras vidas, a un Jesús vivo, a un Padre misericordioso a un Espíritu Santo actuante en medio nuestro.
Esforcémonos por conocer al Señor, y esto significa: tratarlo a diario en la oración, escudriñemos su Palabra, vivamos los sacramentos, formemonos cuando se nos da la posibilidad y seamos creativos para hacerlo. El Señor quiere que lo conozcamos más para así enseñarlo y mostrarlo de mejor manera. Esto es para todos, consagrados y laicos
Volvamos a comenzar con renovada esperanza, sintámonos todos como “compañeros de trabajo al servicio de Dios,” como nos enseña san Pablo, sabiendo que hay un inmenso campo donde Dios esta trabajando y que son los corazones de tantos, pero Dios necesita de colaboradores, ahí entremos cada uno de nosotros.
Trabajemos unidos en cada parroquia, sacerdotes y agentes pastorales; unidos como decanatos en proyectos comunes que se puedan realizar, (encuentros, retiros, cursos de formación, apoyo misionero), aprovechando el talento de tantos y la cercanía geográfica que puede hacer que el trabajo sea más efectivo; trabajemos unidos como diócesis, atento a las motivaciones que van surgiendo para construir una Iglesia, familia de Dios.
Como obispo, les animo, hermanos y hermanas, agentes pastorales todos, a volver al Señor, cada uno de manera personal, diciendo al Señor que puede contar contigo; deja atrás y en las manos del Señor los dolores que pueden haber surgido en el trabajo pastoral o en la convivencia al interior de la Iglesia, ¡cuántas disputas a veces entre nosotros!, trabaja por tu conversión, aprovecha este tiempo de gracia jubilar: una muy buena confesión y a ganar el jubileo para ti y para sacar muchas almas del purgatorio, hay mucho por hacer y trabajar.
Catequesis
Les animo a cuidar mucho de la catequesis, a preparar en oración y muy bien cada encuentro, no nos conformemos con los que pueda llegar, vamos a buscar a las escuelas y liceos, por qué no estar dispuestos a hacer catequesis en las escuelas donde se dé la posibilidad y así crear vínculos con la parroquia y ofrecer a tantos que no vienen la posibilidad de gustar y ver qué bueno es el Señor.
La catequesis es un trabajo pastoral insustituible, con gran tradición en la diócesis de Rancagua, donde destacan grandes formadores de catequistas y catequistas ejemplares; algo de eso se ha debilitado en medio nuestro ; por eso, este año de jubileo ha de ser el año de la renovación, de la implementación de textos, de más comunión entre nosotros, de rezar e invitar para que surjan más catequistas, de asumir todos nosotros la tarea de convocar a muchos para que vengan a conocer el amor de Dios. Nos alegramos de poder contar con Hermana Bernardita (encargada de catequesis diocesana) y su trabajo para animar en esta tarea. Gracias por lo que la Vicaría Pastoral va trabajando en esta línea.
Que nuestras parroquias, comunidades y grupos sean acogedores, lugares de un encuentro con Dios. Que nuestras Iglesias, capillas y corazones estén abiertos y dispuestos a servir.
Que la gente nos vea y sienta cercanos en el dolor, la enfermedad, la cárcel y los momentos de muerte, ahí debemos estar presente como Jesús para consolar y animar. Todo esto es misión y a ello debemos prestar nuestra atención.
Volvamos al Señor
Volvamos al Señor, pero no solo nosotros, los de siempre, sino con otros. Que el Señor nos conceda la gracia y sabiduría para saber llamar y acompañar la vida de jóvenes y familias, de los más pobres y de aquellos que están lejos. Pastoral juvenil, servicio de caridad y misión son realidades que debemos trabajar con mucha dedicación para mejor servir.
En nuestra diócesis hay una riqueza muy grande de fe, manifestada en diversas expresiones de religiosidad popular: canto a lo divino, cuasimodos, procesiones, novenas, misiones, peregrinaciones, fiestas religiosas, etc. valoramos con espíritu agradecido la capacidad que tuvieron otros antes de nosotros en crear formas que permanecen hasta nuestros días y que son un tesoro que hemos de saber acompañar y cuidar y a la vez ser creativos para buscar nuevas formas de enseñar la fe y manifestarla. Hay aquí un gran desafío.
En la diócesis de Rancagua, hay fe, porque la familia supo transmitirla, que sepamos animar y acompañar la vida de familias cristianas y motivar el nacimiento de familias cristianas que al contar con la bendición de Dios sean fortalecidas para ser cuna de fe, escuela de hombres y mujeres cristianos deseosos de seguir construyendo el reino de Dios. Agradezco todo lo que la pastoral familiar pueda animar en esta línea.
Volvamos al Señor, con renovado fervor, esforcémonos en servirlo con alegría, que como la Virgen sepamos estar siempre de pie junto a la cruz y sin dejar de mirar a Jesús, porque solo en el esta nuestra esperanza.
Volvamos al Señor y esforcémonos para que en este año jubilar y del Centenario, todos podamos entender que: “Conocer al Señor es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos puede haber ocurrido y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo…
Anunciemos con fuerza y perseverancia que Dios nos ama, que está cerca con su poder salvador, que nos acompaña en la tribulación y que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas.
Hermanos y hermanas a trabajar con ilusión en este año doblemente jubilar siendo portadores de la buena noticia de la fe.
A la Virgen Purísima, compañera fiel de Jesús, le pedimos nos ayude a trabajar con la mirada puesta en Jesús, consumador de nuestra fe, por lo tanto el que sabe iniciar y saber terminar su esfuerzo, que no desfallece y consigue el triunfo, para que así como Ella sepamos reconocer que el Señor hace grandes cosas en nosotros y con nosotros, que como Ella sepamos ser fieles y anunciadores de que vale la pena hacer lo que Jesús nos dice.
Dios les bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua