
Editorial
Este año hemos vivido como Iglesia el fallecimiento del Papa Francisco quien por doce años guio la barca de Pedro. Su enfermedad y fallecimiento fue seguido por todo el mundo con atención; luego, vivimos con gran esperanza y en un ambiente de oración la elección del Papa León XIV, todos los medios cubrían este acontecimiento, se ponía así de manifiesto que la persona del Papa y su misión es algo importante, no solo para nosotros, cristianos católicos, sino para el mundo entero. La cobertura de los medios de comunicación, la presencia de tan altas autoridades mundiales en todos estos actos, y nuestra propia atención, ponen de manifiesto esta verdad.
Este 29 de junio, el calendario nos invita a recordar las figuras de San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia; y ahora, cuando los católicos miramos con especial cariño al Papa y acrecentamos nuestra oración por él, creo oportuno recorrer un poco la historia del Papado en la Iglesia.
Los relatos evangélicos en torno al apóstol Simón Pedro (conocido como san Pedro) resalta su preeminencia sobre los demás apóstoles: Jesús le da un nombre especial, Cefas (roca en arameo) traducido al griego como π?τρος (Pedro), el cual señalaría la futura misión del apóstol. Además, en los listados de apóstoles los evangelistas siempre lo nombran en primer lugar (a pesar de no haber sido el primero en recibir la llamada de Jesús), incluso utilizando el título de «el primero». Con todo, el pasaje evangélico clave es Mateo 16, 13-20, donde Jesús más adelante hace entrega a Pedro de las «llaves del Reino de los Cielos» y se refiere a él como la piedra sobre la cual fundaría su Iglesia. Luego de la resurrección, Jesús nuevamente le menciona su papel: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas». «Apacentar» en términos bíblicos significa «gobernar».
En los Hechos de los Apóstoles, se muestra el papel de dirección que tiene Pedro: se encarga de iniciar la dirección del que tomaría el lugar de Judas, el primero en salir a hablar después de la venida del Espíritu Santo, el primero en hablar en el concilio de los apóstoles. Todo ello es interpretado por la Iglesia católica como muestra del papel y misión que Jesús dio a Pedro en relación con la Iglesia que él fundaría.
Leyendo cada uno de estos textos, en la Iglesia creemos que Jesús quiso que sus discípulos permanecieran unidos bajo la dirección de Pedro, a quien consideramos entonces como el primer pastor de la Iglesia, a quien con cariño le llamamos Papa.
Sumo Pontífice
El Papa es en primer lugar el obispo de Roma, ciudad en la cual murió y está sepultado San Pedro, en la colina del Vaticano, justo bajo donde se encuentra el altar de la basílica de San Pedro que todos hemos visto, donde celebra el Papa.
Al sucesor del apóstol Pedro se le conoce con diferentes nombres, siendo el más común el de Papa, palabra que viene del griego y que significa Padre. También, por lo importante de su misión en la Iglesia y porque creemos querida por Dios, le llamamos Santo Padre, hay otro título muy hermoso dado al Papa y es el de Siervo de los siervos de Dios, ya que su gran preocupación ha de ser velar por la salvación eterna de todos los creyentes. También e llamamos Sumo Pontífice, nombre que hace referencia a su misión como de puente que nos une al Señor.
El Papa debe confirmarnos en la fe y ser una garantía de unidad en la Iglesia. Ser confirmados en la fe implica reconocer que “hay alguien en la Iglesia que nos ayuda a comprender cuál es la manera correcta de vivir el Evangelio y ponerlo en práctica en nuestra vida”. A los católicos nos es natural el cariño por el Papa, sea quien sea, no es cuestión de que nos caiga más o menos simpático, sino que la fe nos lleva a reconocer en él al pastor que nos guía y a rezar por él, pues gracias al Papa “podemos saber lo que nos puede hacer bien en la búsqueda de nuestra santidad y vida plena”.
Como católicos sintámonos felices de contar con un Pastor como el Papa. Recemos y hagamos rezar por él, su misión es muy importante y su voz y gestos son importantes en nuestro mundo que necesita de unidad y paz.
Que Dios les bendiga,
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua