Zúñiga: una comunidad parroquial que florece con fe, tradición y devoción

Martes 01 de Julio del 2025
Con el acompañamiento del padre Osvaldo Rodríguez, la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Zúñiga es testimonio de una Iglesia viva que se organiza, celebra y sigue evangelizando desde el corazón del campo chileno.

Desde hace más de 260 años, la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Zúñiga, en la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, ha sido un punto de encuentro entre la historia, la fe y la vida cotidiana de sus habitantes. Aunque el templo aún espera ser restaurado tras el terremoto del 2010, la comunidad no ha bajado los brazos.

Guiados desde hace una década por el padre Osvaldo Rodríguez Pérez, los fieles de Zúñiga han demostrado que el alma de la parroquia está más viva que nunca. “Aquí, la gente se identifica profundamente con su templo. No es solo un edificio, es parte de su historia y de su fe”, señala el sacerdote.

 

Acólitos y acólitas: pequeños servidores con gran compromiso

Uno de los grandes tesoros de esta parroquia son sus numerosos acólitos y acólitas, niños y niñas que domingo a domingo acompañan el altar con dedicación. “Desde que llegué, me impresionó la cantidad de acólitos. Participan con alegría y constancia, y eso ha sido siempre una señal de esperanza para la comunidad”, comenta el padre Osvaldo.

Aunque no hay pastoral juvenil formal, los jóvenes colaboran en todas las actividades parroquiales: desde cafés-concierto solidarios, hasta la ornamentación de fiestas o la atención de mesas en eventos comunitarios.

 

Fiesta patronal: devoción, carros alegóricos y alegría comunitaria

Cada mes de septiembre, la parroquia se viste de fiesta con la celebración a la Virgen de la Merced. La imagen peregrina por todas las comunidades rurales, que la reciben con misas, bendiciones y gestos de profunda devoción. La fiesta culmina con una gran procesión y desfile de carros alegóricos alusivos al Rosario o al Vía Crucis, que organizan las familias.

“La calle se llena de vida, la gente baila cueca, se premia la creatividad, y todos compartimos la alegría de la fe”, relata el sacerdote. Es uno de los momentos más esperados del año, donde la fe se renueva y florece.

 

El Padre Pío: un intercesor querido y buscado

Otra devoción muy arraigada en Zúñiga es la del Padre Pío de Pietrelcina, cuya imagen congrega mensualmente a personas de toda la región, e incluso desde Santiago o Talca. Se celebra la Eucaristía, se ora por los enfermos y se reza con fervor su tradicional oración.

“Hemos recibido muchos testimonios de sanación y agradecimiento. La gente siente que el Padre Pío intercede realmente por ellos”, afirma el padre Osvaldo. La piedad popular sigue siendo un pilar fuerte en esta comunidad rural.

 

Restaurar sin esperar: la fe también se organiza

Aunque el templo es monumento histórico, la restauración definitiva sigue pendiente. Sin embargo, la comunidad ha encontrado en la dificultad una oportunidad para unirse. Han pintado el templo, reparado el techo, restaurado imágenes con artistas locales y construido nuevos retablos para embellecer el altar y el ambón.

“No podíamos quedarnos esperando. Hemos hecho mateadas, rifas, colectas… Todo lo que esté a nuestro alcance para mantener y dignificar nuestra parroquia”, dice con emoción el sacerdote. Tras un accidente que dañó la puerta principal, volvieron a organizarse para instalar una nueva, con una mateada que se realizará este mes.

 

Un mensaje desde el corazón del campo

Zúñiga es una comunidad mayoritariamente compuesta por adultos mayores, pero con un espíritu joven. Cada gesto, cada celebración, cada grieta del templo es cuidada con cariño. “Aquí, basta que uno motive a la comunidad para que todos colaboren. Se nota el amor que hay por la parroquia”, afirma el padre Osvaldo.

Su mensaje final es claro y directo: “A quienes lean esto: siéntanse orgullosos de su fe, de su parroquia, de su historia. Nuestra identidad cristiana no se olvida. Es parte de lo que somos, y en Zúñiga se vive con fuerza”.