
En el sector norponiente de San Fernando, la Parroquia Santa Rita de Casia vive un tiempo de renovación y alegría. Su comunidad, integrada por familias de distintos sectores, tiene una activa vida pastoral y litúrgica, gracias al compromiso generoso de sus fieles y a un trabajo organizado por el Consejo Pastoral y su párroco, el Padre Jorge Flores S.
“Queremos que todos se sientan parte de esta parroquia. Poco a poco hemos ido reordenando, escuchando y, sobre todo, caminando juntos como comunidad”, señala Paloma Balmaceda, coordinadora del Consejo Pastoral.
Diáconos que animan la vida pastoral
En ese contexto, una de las riquezas particulares de esta parroquia es la presencia de cuatro diáconos permanentes, cada uno de los cuales ha asumido la coordinación de una pastoral específica. Esta decisión ha dado frutos en el acompañamiento cercano a las familias, en la formación de nuevos equipos y en la reactivación de áreas que estaban debilitadas.
Los diáconos: Francisco Arenas, Juan Francisco Bastías, Manuel Castro y Raúl Largo han tomado un rol protagónico, no solo en lo litúrgico, sino también en lo pastoral y comunitario. Su cercanía ha animado a muchos fieles y a dado muestras de lo que es una iglesia cercana y en salida.
Coros: cantando con alegría la fe
La música ha sido clave en este tiempo de crecimiento. Actualmente, la parroquia cuenta con cuatro coros activos, entre ellos un coro infantil, surgido desde la catequesis, y un coro de mujeres adultas, que reúne a fieles de distintas edades.
El canto ha sido un puente hermoso para acercar a los niños y a los adultos a la misa. No solo cantan, también aprenden a entender y vivir la liturgia. Así ocurrió con el diácono en tránsito Javier Menares, que encontró su vocación al acercarse por esa vía a la parroquia (ver Recuadro)
Oración que sostiene: el corazón de la parroquia
Si hay un grupo que emociona y sostiene la vida espiritual de Santa Rita, es el de las más de 30 mujeres que integran el grupo de oración. Se reúnen con fidelidad para rezar novenas, interceder por las intenciones del Papa, de la comunidad y de la Iglesia entera.
“El padre dice que ellas son el corazón de la parroquia. Y lo son. Siempre están ahí, orando, colaborando, limpiando, embelleciendo la iglesia. Lo hacen con tanto amor que contagia”, dice la agente pastoral.
Incluso han logrado sumar a nuevas generaciones. Sebastián, nieto de una de las señoras, colabora animando las oraciones comunitarias, lo que es una muestra de cómo la fe se transmite y se vive en familia”.
Pastoral Social: caridad que evangeliza
La Pastoral Social también ha cobrado fuerza, especialmente con la organización de ollas solidarias cada 15 días, en conjunto con el grupo Newen Antu. Las mismas vecinas preparan y reparten alimentos a quienes más lo necesitan, alcanzando hasta 300 raciones.
Esta acción concreta ha permitido integrar a personas que antes no venían a misa y que en la actualidad son parte activa de parroquia.
Formación y catequesis con mirada comunitaria
La catequesis sigue siendo un pilar fundamental. En este momento, cerca de 24 niños se preparan para la primera comunión y 16 jóvenes para la confirmación. La formación se realiza tanto en la sede parroquial como en comunidades cercanas.
Santa Rita de Casia no es una parroquia grande en número, pero sí en entrega, fe y fraternidad. Desde el grupo de oración hasta los coros, desde los diáconos hasta los jóvenes catequizandos, todos aportan al crecimiento de una comunidad que quiere seguir anunciando a Cristo.
“Esta parroquia es nuestra casa. Y como familia de Dios, queremos seguir caminando con esperanza, cuidando los unos de los otros y ofreciendo a todos un espacio de fe viva y acogedora”, concluye Paloma Balmaceda.
(recuadro)
Desde Santa Rita al Seminario:
Javier Menares y la comunidad que inspiró su vocación
“Santa Rita fue para mí un espacio de conversión”, afirma con emoción Javier Menares, diácono en tránsito de la Diócesis de Rancagua, al recordar sus primeros pasos en la fe dentro de la Parroquia Santa Rita de Casia en San Fernando. Fue allí, en medio del canto litúrgico, el servicio en la catequesis y la vida de comunidad, donde sintió que Dios lo llamaba a una entrega más radical.
Su experiencia no se limitó a la participación pastoral. Lo que más marcó su vocación fue la fe viva de la comunidad: adultos mayores perseverantes, catequistas, animadores litúrgicos, y sobre todo un grupo de mujeres que, sin que él lo supiera al inicio, se reunían a rezar por su vocación. “Hoy las llamo con cariño ‘la Betania’. Siguen orando por mí y aún nos reunimos al menos una vez al año”, relata Javier con gratitud. “Son mujeres de fe profunda, que sostuvieron mi camino con su oración silenciosa y generosa”.
La figura de Santa Rita, conocida como la abogada de lo imposible, también fue una inspiración constante. “Yo era un joven tímido, lleno de miedos, y veía el sacerdocio como algo inalcanzable. Pero Dios me mostró, a través de esta comunidad, que para Él nada es imposible”.
Hoy, Javier se prepara con alegría para la ordenación sacerdotal, reconociendo que su vocación nació y creció “gracias a una parroquia sencilla, orante, acogedora, que me mostró el rostro de Dios en lo cotidiano”.
Datos
Fotos:
Durante la Fiesta Patronal de Santa Rita se efectuó una procesión con la imagen de la santa por el sector parroquial