Desde la diócesis de Rancagua hacia otros lugares de misión

Miércoles 01 de Octubre del 2025
En octubre, Mes de las Misiones, les damos a conocer el testimonio de tres sacerdotes originarios de Rancagua y que misionan por el mundo.

Por Pbro. Hugo P. Yáñez Canales

 

Sabemos, por definición  que la Iglesia Católica es universal. Eso significa la catolicidad, que Jesús le pidió a sus apóstoles que fueran por todo el mundo a anunciar la Buena Nueva y bautizar en el nombre de la Trinidad. En el marco del primer centenario de vida pastoral de nuestra diócesis será bueno conocer el testimonio de tres jóvenes sacerdotes nacidos en nuestro territorio diocesano: Rengo, Guacarhue y Rancagua, pero que en estos años desempeñan su ministerio en otras tierras. Son más de seiscientos los presbiterios nacidos en el actual territorio diocesano. Sorprendentemente, son muchos en esta condición, pero hoy queremos mostrar a tres de ellos, que dan testimonio de Jesús en San Bernardo (Chile), Italia y Grecia. Para estos dos últimos hay un desafío mayor: otro continente, otras culturas, otros idiomas, otras costumbres. Sin embargo, el mensaje es el mismo: anunciar a Jesús Resucitado, vivo y presente en todos los lugares donde hay hermanos que necesitan escuchar la Palabra de Dios y convertirse en discípulos del Salvador.

Los invitamos a conocer la vida, los anhelos, los sueños y las alegrías de estos jóvenes misioneros nacidos en nuestra tierra y enviados a otras tierras: Tomás, Ignacio y Juan Manuel.

 

 

Desde Rengo a Italia

 

Soy el padre Juan Manuel Núñez Rubio, de la ciudad de Rengo, específicamente del pueblo El Cerrillo. Nací el 10 de febrero de 1985.  Fui ordenado sacerdote asuncionista en 2021. Llevo aproximadamente 15 años fuera del país, estuve en Bogotá – Colombia, Riobamba - Ecuador y desde hace 7 años me encuentro en Florencia - Italia.

Mi vida sacerdotal la he vivido al lado de los migrantes, acompañando los procesos de inserción en las comunidades y animando especialmente a las comunidades a abrir sus puertas para el encuentro con el otro, dejando de lado el miedo de recibir al desconocido.

La riqueza de nuestra diócesis de Rancagua, al ser tan diversa en su extensión territorial, nos permite descubrir que en la diversidad se encuentra la unidad. Así me sucede aquí donde me encuentro, en esta diversidad de culturas y de kilómetros recorrido de tantas personas, buscamos la unidad, para desarrollar un plan común a la luz del evangelio integrando a todos, dejando de lado lo que nos divide y sacando de nuestro corazón que el otro es mi enemigo para reconocer hermanos en Cristo.

 

P. Juan Manuel Núñez Rubio, A.A.

Asuncionista

 

 

 

 

Enfrentando el cambio cultural

 

Mi nombre es Padre Ignacio y soy originario de la parroquia de Guacarhue, en la Diócesis de Rancagua. Nací el 12 de febrero de 1992 en la ciudad de Rengo y me formé en el seminario del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) en la ciudad de San Rafael, provincia de Mendoza, en la República Argentina. Como parte de mi formación estuve en España, donde fui ordenado diácono y enviado a una parroquia en Barcelona.

A pesar de pertenecer a una familia religiosa, la vida diocesana nos ayuda a comprender la labor que, como sacerdotes, religiosos y párrocos, debemos realizar. Al desarrollar nuestra vocación en medio de un ambiente parroquial comprendemos cómo debemos afrontar los apostolados propios que tiene una parroquia, teniendo la riqueza de un carisma específico, en razón de nuestro ser religioso.

Y ahora me encuentro de misión en la isla griega de Tinos, en la cual, por gracia de Dios, soy párroco de cinco parroquias. El cambio cultural, aprender una nueva lengua y nuevas tradiciones hace todo más complicado al principio, pues es necesario comprender cómo el Pueblo de Dios vive su fe, cómo la expresa, y hacerlo en la lengua de ellos. Muchas veces eso choca con lo que hemos aprendido en el seminario o en la propia vida parroquial. Por ejemplo, acá el día de la Vigilia Pascual, la misa se detiene a la medianoche en punto, se canta el Christos Anesti y salimos en procesión por las calles del pueblo con el estandarte de Cristo Resucitado, anunciando a todos la Resurrección del Señor. Luego se vuelve a la misa y continuamos con normalidad.

Podría decir muchas cosas más, pero, para resumir, debo decir que lo que más me ha ayudado de lo que he aprendido en este tiempo de formación en la parroquia, luego en el seminario y en estos pocos años de sacerdote, es que debo acercar a Cristo al Pueblo de Dios, porque el mundo nos ofrece todo, y en el mundo lo podemos conseguir todo. Pero el mundo ha silenciado el mensaje de Jesús, y es por eso que nuestros labios deben hablar de Cristo, debemos dar ejemplo de cómo amar a Cristo, para que muchos hombres vuelvan a Él.

En Cristo y su Madre Santísima de los Dolores.

 

R.P. Ignacio Reyes Ojeda. IVE

Instituto del Verbo Encarnado

 

 

 

 

Camino de misericordia

 

Desarrollar mi ministerio presbiteral en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Fátima y en la capellanía del Instituto Sagrado Corazón, lugares donde el Señor me ha confiado servir, es para mí una gracia inmensa y una riqueza que se enlaza profundamente con mis raíces en la diócesis de Rancagua. Fue allí, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, donde germinó y creció mi vocación sacerdotal. Bajo el acompañamiento cercano y fraterno de los padres OMD, especialmente de quien fuera mi párroco —hoy obispo de Punta Arenas, Mons. Óscar Blanco Martínez— y el testimonio vivo de padre Vito Gianfreda, aprendí lo esencial del ministerio: amar con pasión la Eucaristía, estar siempre disponible para el pueblo de Dios, sostenerme con esperanza en medio de las pruebas y vivir con alegría la entrega total al Señor.

Esa primera experiencia de fe comunitaria marcó profundamente mi camino. No quedó como un recuerdo del pasado, sino que se transformó en una fuente viva que hoy nutre mi servicio como sacerdote dehoniano, consagrado al Corazón de Jesús, en la diócesis de San Bernardo. Allí comprendí que el sacerdocio nunca es un proyecto personal, sino un don que se recibe de la Iglesia y para la Iglesia, para ser vivido con sencillez, entrega y misericordia.

Hoy, a casi un año de mi ordenación, contemplo con gratitud cómo la semilla sembrada en Rancagua sigue dando fruto en el presente. El carisma dehoniano, que me sostiene y me inspira, me invita a hacerme cercano a los más heridos, a llevar consuelo a quienes sufren, a escuchar con paciencia y a mostrar siempre la ternura del Corazón de Jesús. Siento que mi misión es dejar que ese Corazón abierto y misericordioso, que no se cansa de amar, repare las heridas de tantos hombres y mujeres a través de mis manos, mis palabras y mi vida entregada.

En el fondo, lo que experimento es la certeza de que mi vocación nace de la misericordia de Dios y está llamada a ser un camino de misericordia para los demás. Eso me da alegría, me sostiene en las dificultades y me impulsa a seguir sirviendo con humildad, con confianza y con el gozo de saberme siempre en las manos del Señor.

 

R.P.  Tomás Ignacio Cerda Orellana, SCJ

 

 

 

Jornada Mundial de las Misiones

Octubre es considerado el mes de la misión universal por la Iglesia Católica, ya que coincide con el descubrimiento de América y el inicio de la evangelización en el continente. Durante este mes, se intensifica el apoyo a los misioneros a través de la oración, el sacrificio y aportes económicos, culminando con la Jornada Mundial de las Misiones o DOMUND en el