
El mes de noviembre que iniciamos está marcado por fechas muy importantes. En él, celebraremos con gozo el Centenario de nuestra diócesis, para lo cual estamos convocados e 9 de noviembre a encontramos en gran asamblea festiva y litúrgica en el Estadio de San Fernando a las 15 horas. Agradezco todos los esfuerzos que se van haciendo en las distintas comunidades de Iglesia, para participar, será algo hermoso.
Noviembre, penúltimo mes del año, comienza con dos grandes fiestas litúrgicas: Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles difuntos, el 1 y 2 de noviembre respectivamente; son dos acontecimientos que llenan de esperanza la vida de los cristianos. En efecto. el celebrar a Todos los Santos, entre los cuales hay familiares y amigos nuestros, se nos anima a los que todavía peregrinamos en este mundo a no desfallecer y a tener presente que somos llamados a un destino glorioso.
Todos estamos ciertos que la vida es hermosa y la cuidamos, con todo, sabemos de desgracias y aflicciones. Los creyentes esperamos, con la certeza que nos da la palabra de Dios, que llegará el momento en que no habrá ya tristeza ni dolor, ni angustia ni pobreza. Los creyentes esperamos los cielos y la tierra nueva. Eso que es esperanza para los que peregrinamos, es ya posesión, para aquellos que llegaron a la meta, y contemplan cara a cara el rostro de Dios.
Los cristianos nos alegramos, porque sabemos que los que están junto al Señor, se preocupan también de nosotros y oran incesantemente ante el trono de Dios por nuestras necesidades
Que, al contemplar el luminoso ejemplo de los santos, surja en nosotros el deseo de ser como ellos, felices por vivir cerca de Dios, en su luz, en la gran familia de los amigos de Dios; que se acreciente en nuestras vidas el deseo inmenso de alcanzar la santidad, la vida eterna, de poder gozar aquello que: “ni ojo vio, ni oído oyó, pero que Dios tiene preparado para aquellos que lo aman”. Que, en medio de los cansancios y agobios de la vida, lo que el Señor nos ofrece, nos anime y… ¡Levantemos el corazón!
Pero ¿cómo podemos llegar a ser santos, amigos de Dios? Es necesario, ante todo, escuchar a Jesús y seguirle sin desalentarse ante las dificultades. Dice el Señor: “Si alguno me quiere servir que me siga, y donde Yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre lo honrará”.
Alegrémonos porque en el cielo hay muchos santos que, sin ser canonizados, por la vida que llevaron, agradaron a Dios. Sí, ahí hay gente que hemos conocido, que han compartido nuestra vida y ahí estamos llamados todos a llegar.
Si contemplamos con gozo y esperanza a los que están en el cielo, en la Iglesia rezamos también cada día y de manera especial en noviembre por aquellos que han muerto, pero que todavía no contemplan el rostro de Dios. El catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “los que mueren en gracia y en la amistad con Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo”.
Los católicos creemos que, así como los santos del cielo nos ayudan con sus ruegos, nosotros podemos ayudar a los que han muerto, pero todavía se purifican, esperando ver el rostro glorioso de Dios. Por ellos oramos, pedimos en la Santa Misa, ofrecemos obras de caridad. Cosa buena y santa es orar por los difuntos.
Que hermoso es saber que la Iglesia es una familia en la que, tanto en la vida como en la muerte, no nos dejamos de preocupar unos por otros. Esto es lo que cada domingo rezamos: creo en la Comunión de los Santos. Y para alentarnos en el camino de la fe, nada mejor que el ejemplo de fe, confianza y abandono en las manos de Dios y en el servicio a los hermanos que la Virgen, a quien en noviembre honramos de manera especial en la práctica de piedad que es el Mes de María. Que en cada una de nuestra casa haya un altar y que cada día ante él la familia pueda hacer una hermosa y sentida oración; que en cada una de nuestras iglesia y capillas, hermosos altares y la fe devota del pueblo creyente manifiesten con la plegaria ante María, la confianza con la cual pediremos, entre tantas cosas, por Chile, en este periodo de discernimiento y elecciones. ¡A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en el hogar!, queremos que Cristo Reine en nuestras vidas.
¡Gracias Señor, por creer! ¡Auméntanos la fe!
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua