
Hermanos y hermanas:
Los católicos en el mundo entero comenzamos a celebrar el tiempo de Adviento, tiempo que nos prepara a la solemnidad de la Navidad y tiempo que nos introduce en un nuevo año litúrgico. Los creyentes volveremos a recordar y hacer presente en nuestras vidas los misterios de la salvación. Al recordar los misterios que nos dieron nueva vida, los creyentes recibimos gracias abundantes que nos ayudan a vivir con mayor verdad y valentía nuestra fe. Hoy como ayer, para ser cristianos se necesita valentía para vivir y dar a conocer nuestra fe. Hay muchos ejemplos de ello y no los debemos ignorar.
Aunque a nosotros nos parezca extraño, en este momento, en varios lugares del mundo hay hombres y mujeres que sienten amenazadas sus vidas o vulnerados sus derechos por el sólo hecho de ser cristianos. La persecución sabemos que no es algo extraño para los seguidores del Señor, él mismo lo anunció, sin embargo, en un mundo que se precia de ser tolerante, de haber avanzado tanto en el campo de los derechos humanos, sabiéndose que uno de los derechos fundamentales del ser humano es a profesar libremente su fe, en muchos lugares esto no es posible. Hay países donde se vive el fundamentalismo en lo religioso y no hay cabida a otras formas de culto que la oficial; existen naciones donde los sistemas políticos no son proclives a la religión y toda expresión religiosa es molestada o impedida; con todo, en esas regiones hay creyentes que procuran, como los primeros cristianos, ser fieles al Señor a pesar de la adversidad y así ser luz en medio de realidades tan difíciles y oscuras. Ésta es una realidad que nosotros, cristianos en Chile, no podemos ignorar, sino que conociéndola nos hemos de sentir llamados a pedir en oración, fortaleza para esos hermanos, y para que nosotros, que tenemos la posibilidad de profesar sin problemas nuestra fe, no seamos fríos, sino más comprometidos con nuestra tarea de ser discípulos fieles y misioneros alegres del mensaje salvador de Jesucristo.
Actualmente, en la realidad que vivimos como chilenos en la vivencia de nuestra fe, quizá en muchos momentos el enemigo está dentro de nosotros mismos; nos vence en algunos momentos la vergüenza y el temor, y escondemos la fe, y no mostramos que somos creyentes; nosotros, que dejamos que con tanta facilidad invadan nuestro interior con basuras, al momento de mostrar la belleza del evangelio, nos disculpamos pensando que no podemos obligar a nadie a que escuche el sublime mensaje de Jesús, que la fe es sólo una experiencia personal. Si así hubieran pensado los primeros cristianos, nadie de nosotros sabríamos la hermosa verdad que Dios es nuestro Padre, que en Cristo tenemos la salvación y que estamos llamados a un destino glorioso. Por eso hoy, reavivemos nuestra fe y no temamos de mostrarnos como creyentes, como cristianos. Sintamos la hermosa responsabilidad de mostrar a otros que Cristo quiere reinar por la fe en nuestros corazones y que esa fe al hacerse vida pueda impregnar de esperanza nuestro mundo. ¡Ven, señor Jesús!
Como chilenos, en estos días vamos a elegir a quien será nuestro presidente y la fe debe iluminar también el importante acto democrático de votar. Como creyentes hemos de procurar buscar que el alma de Chile, con sus valores de amor a Dios, a la familia, a la vida, la verdad, el espíritu de acogida, el respeto por toda persona, sean preservados como la gran riqueza que poseemos. Ejerzamos nuestro deber cívico con responsabilidad y discernimiento, esperando que quien sea electo cuide aquellos valores que para nosotros son intransables.
El profeta Isaías nos dice en este tiempo de Adviento: “llegará el día que los hombres de las espadas forjarán arados y de las espadas harán herramientas para podar”, “llegará el día en que habitará el lobo con el cordero, que la pantera se echará con el cabrito”; hermosa manera de vislumbrar un mañana distinto, más justo y fraterno, pero que no se logrará sin trabajo, sin esfuerzo y sin generosidad de nuestra parte. Confiamos en la ayuda del Señor, pero Él confía también en nuestra respuesta. “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, dependen cosas grandes”, así decía San Josemaría. Tratemos de hacer lo que Dios nos pide y confiados en su misericordia iniciemos un nuevo año en la fe y en el caminar de nuestra Patria.
+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua