El ir y venir en la Parroquia Cristo Rey es constante, ubicada en uno de los sectores de mayor crecimiento urbano, se ha transformado en uno de los templos más emblemáticos de la ciudad de Rancagua y que en las murallas de la Gruta de Lourdes se ve como la comunidad ha pasado a rezar, pedir favores, mandas y dar las gracias por el favor concedido.
En la actualidad su párroco es el R.P. Felipe Valenzuela, sacerdote de la Congregación Orionista, quien llegó en marzo del año pasado para asumir el servicio parroquial después del largo período del P. Giacomo Valenza. Aunque es santiaguino, ya conocía Rancagua por su trabajo previo en el Cottolengo. “Volví a un lugar que ya sentía cercano. La gente de este sector tiene una identidad muy propia, muy fraterna”, relata.
Catequesis familiar: el motor de la parroquia
El padre Felipe cuenta que la catequesis familiar es uno de los pilares centrales. Actualmente, cerca de 60 niños se preparan para su Primera Comunión en diciembre, incluyendo a los sectores rurales de Punta de Cortés, San Ramón y Santa Elena. En tanto que la catequesis de Confirmación reúne a más de veinte jóvenes.
“Las catequesis dan vida a la comunidad. Son un lugar donde las familias se reencuentran con la fe”, destaca el párroco.
Los nuevos barrios han significado retos para la parroquia. “Ha costado llegar a los sectores nacientes. Hemos hecho misiones para mostrar que aquí hay una comunidad que los acoge”, explica.
Aun así, han logrado que algunas nuevas comunidades comiencen a tener la celebración de misa y catequesis en su propio barrio, como es el caso de Villa Doña Mabel.
Fiesta de Cristo Rey
La parroquia celebró su fiesta patronal, con una serie de actividades pastorales que comenzaron el sábado 22 de noviembre con una procesión comunitaria abierta a todos los vecinos. La caminata inició a las 17:00 horas desde la capilla Padre Hurtado, ubicada en la Villa Baquedano, y finalizó en el templo parroquial. Durante el trayecto, los bailes religiosos animaron la ruta con cantos, tambores y coreografías tradicionales, lo que permitió visibilizar esta expresión de fe que forma parte del patrimonio cultural religioso del país.
El encuentro fue presidido por el mismo padre Felipe, quien destacó que la actividad buscó unir devoción mariana, tradición cultural y participación comunitaria. El sacerdote explicó que uno de los objetivos era dar un espacio de acogida y acompañamiento a los grupos de bailes religiosos que están creciendo en la parroquia.
Uno de los hitos principales de la jornada fue la primera “vestición” (como se le dice a ponerse el traje) de los Morenos de Nuestra Señora de Lourdes, agrupación fundada en 2023 dentro de la misma parroquia. Antes del inicio de la procesión, los trajes fueron bendecidos en la capilla y luego entregados a cada integrante, quienes realizaron su promesa. Este rito marcó su incorporación formal al servicio litúrgico y devocional de la comunidad.
Además, delegaciones de bailes religiosos provenientes de Buin, Paine y Pichilemu participaron en el encuentro, lo que permitió reforzar la fraternidad entre distintas comunidades y generar un espacio de intercambio cultural y espiritual.
El fin de semana concluyó el domingo con la misa solemne de Cristo Rey, celebración central que reunió nuevamente a la comunidad parroquial para dar gracias por el camino recorrido y renovar el compromiso de seguir fortaleciendo la vida pastoral.
Una invitación abierta a toda la comunidad
Finalmente, el párroco invita a vivir este fin de año con profundidad espiritual. “La Gruta de Lourdes nos enseña que la fe se mantiene en lo cotidiano: una vela, una oración, un gesto de amor. Las grandes fiestas son hermosas, pero la vida cristiana se construye cada día”.
En este tiempo dedicado a la Virgen, el rezo del Santo Rosario se realiza cada día a las 18:30 horas, seguido de la Santa Misa a las 19:00 horas en el templo. Para el párroco, esta tradición es un signo de fe viva. “Celebrar el mes de María aquí, donde la devoción es tan fuerte, nos recuerda que la espiritualidad se construye en lo cotidiano”.
Historia
La parroquia fue erigida el 22 de enero de 1974 por el Obispo de Rancagua, monseñor Alejandro Durán Moreira, desmembrándola de las parroquias Nuestra Señora del Carmen y San Francisco de Asís de Rancagua. Su primer párroco fue el padre Blas Meinero Frossaco. Fue entregada a la Congregación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia (Don Orione), junto con las antiguas dependencias del Seminario Cristo Rey, para instalar allí el Hogar Pequeño Cottolengo, que atiende a niños con discapacidad mental profunda.
La Gruta de Lourdes: corazón espiritual de la parroquia
Uno de los rasgos más distintivos de la parroquia es la Gruta de Lourdes, lugar de peregrinación constante. “La gruta es un tesoro para Rancagua y para la diócesis. La
cantidad de personas que pasan a encender una vela, rezar o simplemente saludar a la Virgen es impresionante”, señala el sacerdote.
La gruta permanece abierta todos los días de 9:00 a 21:00 horas, convirtiéndose en un espacio de oración cotidiana para trabajadores, familias y peregrinos.