
Hermanos y hermanas:
“Saber que soy tu hijo, Señor, alegra mi corazón, tu hijo soy, oh, Señor”. Así reza un canto de nuestra fe y que expresa una certeza, estoy siempre en las manos de un Padre.
Al comenzar un nuevo año, en el que nos expresamos tanto buenos deseos y renace la esperanza, nos hará bien anclarnos en la fe de que, si estoy en las manos de un padre que me ama, nada he de temer; en ese Padre me apoyaré para caminar y con la certeza de su compañía no temeré ni siquiera en los momentos de oscuridad, como rezamos tantas veces y cantamos en el hermoso salmo: El Señor es mi pastor.
Iniciemos este año con la confianza puesta en Dios que no abandona, pero colocando también, todo de nuestra parte, para que podamos crecer en humanidad y fraternidad.
Como creyentes contribuyamos con nuestra oración, con nuestra vida sobria, responsable y llena de caridad al entendimiento entre nosotros.
Como chilenos procuremos la construcción de esa patria justa que queremos, hagámoslo con el diálogo sincero, honesto, con el mirarnos a los ojos, con el sentir que esta tarea es de todos y donde nadie se sienta rechazado ni desplazado, que entre nosotros reine la justicia, el amor y la paz , y así Chile sea esa nación donde todos podamos sentarnos a la mesa y compartir el pan.
A la Virgen Santa invocamos con cariño, pidiendo que Ella como buena madre, nos ayude a hacer de nuestro Chile el hogar para todos los que aquí hemos nacido y también para los que llegan confiando en nuestra acogida.
¡Que nuestras penas tengan recompensa, que haya esperanza para nuestro futuro! Como promete el Señor por medio del profeta Jeremías a su pueblo.
Termino con aquellas palabras que el mismo Dios encargó a Moisés para bendecir a su pueblo:
Que el Señor te bendiga y te proteja;
Que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad;
Que el Señor te mire con amor y te conceda la paz.
Con cariño, los bendigo.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua