Seminaristas diocesanos en misión

Sábado 31 de Enero del 2026
Durante una semana, seminaristas de la Diócesis de Rancagua realizaron una experiencia misionera en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, compartiendo la fe, visitando hogares y acompañando a las comunidades de El Toco, La Puntilla y San Luis, en una experiencia marcada por la oración, el servicio y el encuentro fraterno.

 

 

 

Entre el 3 y el 10 de enero, la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Pichidegua fue escenario de una experiencia misionera protagonizada por seminaristas de la Diócesis de Rancagua, quienes vivieron intensos días de evangelización, servicio y encuentro fraterno con las comunidades locales.

Durante esa semana, los seminaristas acompañaron al párroco, padre Miguel Ángel Riveros, integrándose activamente a la vida pastoral del territorio. Para un mejor desarrollo de la misión, se asignaron dos seminaristas a cada una de las comunidades de El Toco, La Puntilla y San Luis. Así, los primeros días estuvieron dedicados a conocer la realidad de cada sector y a organizar las distintas actividades pastorales.

De lunes a viernes, la jornada comenzaba en las mañanas con visitas puerta a puerta, donde los seminaristas compartían con las familias que los recibían con gran cercanía y disposición. Por las tardes, el énfasis estuvo puesto en la visita a hermanos enfermos y adultos mayores, rezando junto a ellos y bendiciendo sus hogares. Cada día concluía con encuentros comunitarios en la capilla, donde se rezaba el Santo Rosario y se celebraba la Liturgia de la Palabra.

La misión también contempló una jornada en que hubo Adoración al Santísimo Sacramento y oración por las vocaciones, mientras que el viernes se realizó el Vía Crucis, culminando con un compartir fraterno junto a la comunidad.

 

Alegría y gratitud

Al finalizar la experiencia, los seminaristas manifestaron un profundo agradecimiento por la acogida recibida y el cariño de las personas. El seminarista Maximiliano Catalán destacó la riqueza espiritual de la misión, señalando que fue una experiencia “totalmente llena de Dios”, marcada por la posibilidad de ser acogidos en los hogares, rezar junto a las familias y conocer de cerca sus historias y testimonios de vida.

“Poder entrar en los hogares, compartir la oración y recibir ese calor de familia es algo que nos llena profundamente. Ahí el Señor renueva, consuela, mejora y perfecciona, tanto a quienes visitamos como a nosotros mismos”, expresó.

Los seminaristas concluyeron la misión con alegría y gratitud, encomendando en la oración a cada una de las comunidades visitadas y manifestando su disposición a seguir sirviendo en las misiones que el Señor y la Iglesia les confíen en el futuro.