- Más de 100 agentes pastorales y miembros de movimientos eclesiales participaron en el último curso online de prevención de abusos y promoción de una cultura de buen trato en la Iglesia, instancia que destacó por su nuevo enfoque formativo.
“La gente ha percibido una mirada más evangélica y dialogante, lo que ha permitido comprender mejor estas temáticas”, afirma Claudia Lazcano, coordinadora del Consejo para el Buen Trato y Ambientes Sanos de la diócesis, en relación con el renovado enfoque de la formación básica en prevención.
Asimismo, valoró la alta participación y destacó que “esta instancia ha sido bien recibida tanto por laicos como por sacerdotes”, subrayando que el objetivo no es solo entregar contenidos, sino también generar conciencia sobre la importancia de construir comunidades donde el cuidado y la dignidad de cada persona estén en el centro de la vida pastoral.
Cabe destacar que contar con la formación básica es un requisito fundamental para todos quienes prestan servicio en la Iglesia. La acreditación obtenida al finalizar el curso es clave para desempeñarse en distintos espacios pastorales, reflejando el compromiso institucional con la protección de las personas y la promoción de ambientes seguros.
Testimonios
Los participantes valoraron la experiencia formativa, destacando tanto el aprendizaje adquirido como el sentido profundo de esta instancia:
Carlos Díaz señaló: “Nos quedamos con un gran aprendizaje, con sentimientos y recuerdos tristes, pero también con alegría, porque vemos que la Iglesia está trabajando arduamente para que estos hechos no vuelvan a ocurrir”.
Por su parte, Isabel Gatica destacó la utilidad práctica del curso: “Ahora cuento con herramientas y pistas para detectar señales que podrían indicar que un estudiante está atravesando una situación de abuso. Ya había realizado este curso y me resultó muy útil, porque me permitió profundizar en el tema”.
Desde la Parroquia Inmaculada Concepción de Pichilemu, Camila González compartió: “Me quedo con la idea de cuidar, proteger y acompañar a quienes han sufrido, promoviendo ambientes sanos y seguros en la Iglesia y en la comunidad. Es un llamado a asumir una responsabilidad concreta y permanente”.
El párroco de la misma comunidad, el presbítero Claudio Fuenzalida, también valoró la experiencia y la participación activa de los fieles: “Se motivó en todas las Eucaristías la importancia de que nuestras parroquias sean espacios seguros, y la respuesta fue muy positiva”.
El sacerdote destacó además que un grupo significativo de la comunidad se organizó para seguir el curso de manera presencial, lo que refleja el creciente interés por avanzar hacia una Iglesia más consciente y comprometida.
“Esta formación se abordó con un lenguaje cercano y pedagógico, haciendo ver que esta responsabilidad no es solo de la jerarquía, sino de toda la Iglesia y también de la sociedad”, concluyó el sacerdote.