
Con el tradicional y fervoroso grito “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Santa Cruz!”, comunidades de la Diócesis de Rancagua celebraron el pasado domingo 12 de abril la fiesta de Cuasimodo, una expresión profundamente arraigada en la tradición católica chilena que, en pleno tiempo pascual, pone en el centro el amor a la Eucaristía y el cuidado de los más frágiles.
Celebrada en el Domingo de la Divina Misericordia, esta fiesta tiene como corazón una misión profundamente pastoral: acompañar a los sacerdotes que llevan la Sagrada Comunión a enfermos, adultos mayores y personas que no pueden participar de la misa dominical. Así, la Iglesia sale al encuentro de sus hijos, haciendo presente a Cristo vivo en cada hogar.
Más que una tradición, Cuasimodo es un gesto de ternura eclesial. En cada recorrido, los cuasimodistas —a caballo, en bicicleta, en vehículos o a pie— acompañan al Santísimo Sacramento con respeto y alegría, recordando que la Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana.
Esta práctica tiene sus raíces en el período colonial, cuando sacerdotes recorrían sectores rurales tras la Pascua para llevar la comunión a quienes no habían podido recibirla. En ese entonces, huasos a caballo resguardaban el paso del Santísimo. Hoy, ese gesto se transforma en una expresión de fe viva, donde el acompañamiento es signo de amor, servicio y pertenencia a la Iglesia.
En cada localidad, las familias preparan altares sencillos, flores y signos de devoción para recibir a Jesús sacramentado. Es un momento de recogimiento, de oración compartida y de profunda espiritualidad, donde la Iglesia se hace cercana y concreta.
Desde Rancagua hasta Las Cabras, pasando por Mostazal, Rengo, Guacarhue, El Manzano, Santa Cruz, Paredones y La Estrella esta celebración reunió a comunidades enteras que, con entusiasmo y esperanza, participaron en esta misión pastoral.
Así, en el tiempo de Pascua, Cuasimodo vuelve a recordarnos que Cristo no se queda en el templo, sino que camina con su pueblo, llega a los hogares y se hace presente en medio de quienes más lo necesitan, fortaleciendo la fe, la esperanza y la comunión en la vida cotidiana.