
En un momento en que la Iglesia universal continúa profundizando el camino de renovación impulsado por el proceso sinodal y busca responder a los desafíos culturales, sociales y educativos de nuestro tiempo, el Papa León XIV ha publicado la encíclica Magnifica Humanitas. El documento invita a redescubrir la dignidad de la persona humana, la importancia de la participación de todos los bautizados y la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, el discernimiento y la corresponsabilidad.
A la luz de esta nueva encíclica, el coordinador diocesano para la Sinodalidad, padre Luis Piña Vargas, reflexiona sobre sus principales aportes y su estrecha relación con el camino sinodal impulsado por la Iglesia. En esta entrevista, destaca cómo el discernimiento comunitario, la participación de todos los bautizados y el principio de subsidiaridad contribuyen a construir una Iglesia más participativa, misionera y cercana a las personas.
La encíclica Magnifica Humanitas y la sinodalidad convergen en una misma visión de Iglesia: una comunidad que, iluminada por el Evangelio, responde a los desafíos del mundo actual promoviendo la dignidad humana, el discernimiento comunitario y la participación de todos los bautizados.
El documento destaca la importancia de escuchar los signos de los tiempos y de realizar un discernimiento común, aspecto que coincide plenamente con la sinodalidad como camino de escucha, diálogo y búsqueda conjunta de la voluntad de Dios. Asimismo, presenta a la Iglesia como compañera de camino de la humanidad, llamada a acompañar los procesos culturales, sociales y tecnológicos de cada época.
La encíclica también subraya principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, como el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, como elementos de discernimiento, los cuales encuentran en la sinodalidad una forma concreta de realización mediante la corresponsabilidad y la participación activa de todos los fieles. Del mismo modo, el diálogo y la cooperación son propuestos como respuestas necesarias frente a los desafíos de la cultura digital y la inteligencia artificial (IA).
Magnifica Humanitas invita a proteger y promover la dignidad de toda persona humana, mientras que la sinodalidad ofrece el estilo eclesial adecuado para llevar adelante esta misión.
Sinodalidad y Subsidiaridad: caminar juntos desde la corresponsabilidad
La sinodalidad y la subsidiaridad, como un criterio de gobierno y de vida pastoral, son dos realidades complementarias que fortalecen la vida y misión de la Iglesia. La sinodalidad expresa el llamado a caminar juntos como Pueblo de Dios, promoviendo la escucha mutua, el discernimiento comunitario y la participación de todos los bautizados. La subsidiaridad, por su parte, es un principio de la Doctrina Social. (DS) de la Iglesia que favorece la responsabilidad de las personas y comunidades, evitando el centralismo y fortaleciendo las iniciativas locales.
Tanto la Subsidiaridad como la sinodalidad, convergen en una misma visión eclesial: una Iglesia donde cada miembro aporta sus dones y carismas al servicio de la misión común. Mientras la sinodalidad impulsa la comunión y la corresponsabilidad, la subsidiaridad garantiza que las decisiones y acciones se desarrollen en el ámbito más cercano a las personas, respetando sus capacidades y responsabilidades.
En la práctica pastoral, esta relación se manifiesta cuando las comunidades participan activamente en el discernimiento y en la toma de decisiones, acompañadas y sostenidas por las instancias superiores sin ser reemplazadas por ellas. De este modo, la subsidiaridad se convierte en un instrumento concreto, de discernimiento para vivir la sinodalidad.
En definitiva, ambas contribuyen a construir una Iglesia más participativa, misionera y cercana al Evangelio, donde la comunión se fortalece mediante la colaboración de todos y el reconocimiento de la dignidad y responsabilidad de cada bautizado.