Construir Chile para que todos tengan un lugar

Jueves 01 de Octubre del 2026
Homilía de Te Deum.18 de septiembre de 2026 Iglesia San Francisco de Asís de Rancagua

Construir Chile para que todos tengan un lugar 

 

Homilía de Te Deum.18 de septiembre de 2026

Iglesia San Francisco de Asís de Rancagua

 

 

Muy queridos hermanos y hermanas:

Como cada año por estas fechas, es justo y necesario reunirnos en oración para dar gracias a Dios por esta Patria hermosa que hemos recibido como don y tarea. En efecto, Chile es, para los que hemos nacido aquí y para quienes la han adoptado como su patria, un gran regalo. Lo es por su historia, por su geografía, por su gente y, es tarea de todos trabajar para que el deseo de un perfecto desarrollo pueda ser una hermosa realidad; que sea verdad que Chile es una mesa donde todos cabemos y tenemos lo necesario para vivir con paz y esperanza.

Al dirigir nuestra plegaria al Dios vivo y verdadero en el cual creemos y al escuchar su Palabra, entendemos que somos valiosos a sus ojos: «Yo te tomé del confín de la tierra, te llamé de remotas regiones y te dije: siervo mío eres tú, y te he elegido; no temas, que contigo estoy. Soy yo quien te tiene tomado de la mano y te digo: no temas, porque yo soy quien te ayuda». Estas palabras nos llenan de esperanza: somos valiosos a los ojos de Dios y Él confía y espera mucho de nosotros.

Sí, Dios cree en nosotros, espera mucho de cada uno. No olvidemos lo que dijo al profeta Jeremías, palabras que han de encontrar eco en cada una de nuestras vidas: «Antes de haberte formado en el vientre, yo te conocía; irás donde yo te envíe, estoy contigo para protegerte, te doy autoridad para extirpar y arrasar, para destruir y demoler, para reconstruir y plantar».

Estas palabras escúchalas tú, que formaste una familia; tú, que eres joven y vas labrando el futuro con tus estudios; tú, que recibiste un grado de autoridad y servicio público.

Hermanos, hermanas, sirvamos con alegría y generosidad. Grabemos a fuego en el corazón y en nuestro actuar las palabras de Jesús en el Evangelio:

«El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».

Porque el alma de Chile es creyente, hoy rezamos. Queremos seguir proclamando lo que nuestros mayores hicieron canto: «A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en el hogar».

Quisiéramos que Chile sea una nación donde Dios esté presente. Los que creemos, tratemos entonces de vivir de acuerdo con nuestra fe y procuremos actuar de acuerdo con ella. A quienes no creen queremos anunciarles, y también recordarlo a los que nos decimos creer, «que Dios nos ama a todos, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que Él está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Que los cristianos queremos ser portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras».

 

Llamado al diálogo

La Sagrada Escritura, libro de la fe que compartimos la mayoría de los chilenos y que en esta celebración nos ilumina con su enseñanza, nos relata el episodio de la torre de Babel, y el Papa León nos recuerda, en la encíclica Magnifica Humanitas, que no debemos olvidar que una sociedad construida solo con esfuerzo humano, sin comunión entre todos, se vuelve en contra del hombre mismo.

La tentación de Babel fue construir la grandeza centrada en el ser humano y sin referencia a Dios; esto trajo la confusión de lenguas. Hoy, en nuestro mundo, podemos caer en la desgracia de no entendernos ni siquiera en nuestra propia lengua, porque, dejando de lado a Dios, pueden cambiar de significado las palabras esenciales como: amor, familia, matrimonio, entre otras.

Como creyentes, pedimos a Dios que nos conceda la gracia de saber entendernos, de sentirnos todos comprometidos en la construcción de un futuro que nos pertenezca a todos. Esto implicará: diálogo sincero, acuerdos, mirada en común, asumir responsabilidades, vencer egoísmos, no cerrarnos a los impulsos del Espíritu.

En Babel, lo que parecía sería una gran obra quedó a medias y fue causa de dispersión y fracaso. El hombre solo, solo queda.

Por otro lado, el Papa nos recuerda también aquel episodio bíblico que encontramos en el libro de Nehemías. Israel ha estado cautivo, tiene la posibilidad de volver a su tierra y a una Jerusalén totalmente destruida. Nehemías reza, ayuna, pide por su pueblo y, en espíritu de comunión, convoca a familias y grupos y les confía a cada uno un tramo de muralla para reconstruir. Él escucha los temores, coordina esfuerzos y hace frente a las oposiciones.

La ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo un pueblo. ¡Cuánto tenemos que aprender de este relato histórico, aprender a trabajar en comunión!

Por eso, hermanos, a ustedes, queridas autoridades, que son los nuevos Nehemías, y a cada ciudadano, en este Te Deum les recuerdo:

Dios nos mira con cariño. El Dios en el cual creemos también cree en nosotros. El Señor nos dice: «Yo los he escogido a ustedes y quiero que vayan y den fruto». ¿Y qué frutos son esos? Entre otros, San Pablo nos recuerda: «El que sirva, sirva bien; el que ocupa un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con cuidado; esfuércense, no sean flojos y, en cuanto de ustedes dependa, procuren estar en paz con todos».

Grande es la tarea, pero contando con Dios y creyendo en lo importante del diálogo sincero y del trabajo en equipo, es posible. Chile lo necesita; Chile nos necesita a todos. Chile, una mesa para todos.

Los cristianos apoyamos y reconocemos lo que es bueno, venga de donde venga. El Papa León nos dice: «La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente la verdad, la bondad y la belleza, considerándolos aliados».

 

Cuidar a los más desvalidos

Felicitamos a las autoridades por todos los avances logrados, para que los hijos de esta tierra tengan mejor vida, y los animamos a no descansar y a ser creativos para seguir avanzando. Que en esta tarea todos nos sintamos involucrados y seamos generosos para apoyar lo que es bueno, lo que conviene a todos.

En Chile debemos ser capaces de arrodillarnos, velar y cuidar de los más desvalidos y vulnerables y, entre ellos, los no nacidos, los enfermos, los adultos mayores, para que ellos sientan que en Chile hay manos para acoger y acariciar, para consolar y regalar esperanza.

Hace unos días atrás, todos fuimos golpeados por la noticia de un voraz incendio en el cual fallecieron 16 ancianos. Chile envejece. Junto con promover que nuestros jóvenes no teman al matrimonio ni a ser padres, hemos de cuidar a los mayores.

Que cada familia sepa dar un lugar, cariño y cuidados a quienes todo dieron por los suyos y, ahí donde no se pueda tenerlos, que el Estado, la sociedad toda, sepan velar para que, en lugares dignos y seguros, puedan vivir la vejez y descansar de sus fatigas los que tanto trabajaron.

Agradezco los avances que se dan en medio nuestro para que en nuestra región pueda haber Hogares de Ancianos dignos, administrados por la Fundación Las Rosas, obra de Iglesia que es la que más sabe de cuidados de ancianos en Chile.

Las parroquias de Malloa y Doñihue han cedido terrenos donde estos hogares se puedan construir, y las conversaciones con el Consejo y Gobierno Regional avanzan para lograr su construcción.

Un país será grande de verdad cuando los suyos sean más felices, cuando estén más seguros. Dios bendiga estos esfuerzos.

Los que creemos estamos ciertos de que nuestras vidas serían mejores y más pacíficas si Dios estuviera más presente en nuestras vidas y actuar. Tenemos aquí un gran desafío: que fe y obras vayan cada vez más unidas.

Por esto, les invito a no arrinconar a Dios en nuestra sociedad. No podemos olvidar que el verdadero desarrollo no se hace a costa del espíritu.

Trabajar por Chile hoy se traduce en una capacidad de entrar en diálogo, en saber discutir con fundamentos y altura de miras los temas más delicados.

 

Crear más fuentes de empleo

Un tema delicado hoy y que nos afecta mucho como Región es el desempleo. Sin trabajo, la esperanza decae, se agita la violencia, no hay progreso. Necesitamos que se pueda actuar con sabiduría y prontitud por parte de todas las autoridades, para buscar solución a este flagelo.

Pedimos a los empresarios que pueden crear fuentes de trabajo que sean creativos y generosos en hacerlo. La paz de Chile los necesita.

Por todo esto, mirando al futuro, ¡qué bien nos hacen las palabras del Papa Francisco en Fratelli Tutti, donde nos invita a saber «tener la nobleza de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra…»!

Vista de esta manera, la política es más noble que la apariencia, que el marketing, que distintas formas de maquillaje mediático. Todo eso lo único que logra es la división, enemistad y un escepticismo desolador, incapaz de apelar a un proyecto común.

En nuestro trabajo y servicio de cada día, algunas veces hemos de preguntarnos: ¿para qué, hacia dónde estoy apuntando realmente? Porque, después de algunos años, reflexionando sobre el propio pasado, la pregunta no será: «¿Cuántos me aprobaron?, ¿cuántos me votaron?, ¿cuántos tuvieron una imagen positiva de mí?», sino que, quizás, las preguntas serán: «¿Cuánto amor puse en mi trabajo? ¿En qué hice avanzar a la gente? ¿Qué marca dejé en mi sociedad? ¿Qué lazos reales construí? ¿Qué fuerzas positivas desaté? ¿Cuánta paz social sembré? ¿Qué bien hice en el lugar que se me encomendó?».

No olvidemos que en el ocaso de nuestras vidas todos seremos examinados en el amor.

Con la fe puesta en el Señor, que ha creado una magnífica humanidad de la cual nosotros somos responsables de su destino, sigamos construyendo nuestra hermosa Patria, que es don y tarea para todos.

Virgen del Carmen, Estrella de Chile, ¡salva a tu pueblo que clama a ti!

 

+Guillermo Vera Soto
 Obispo de Rancagua