
En Malloa, la devoción a San Judas Tadeo es parte de una historia que se mantiene viva gracias a la fe de sus habitantes y al trabajo de generaciones de agentes pastorales. Para el padre Luis Piña, párroco de la P. San Judas Tadeo y rector del santuario, la comunidad es mucho más que un conjunto de personas que se reúne para celebrar la Eucaristía: es una Iglesia que aprende, crece y se forma en el encuentro con Jesús.
“Uno va palpando la fe de la gente en la comunidad. Uno tiene el privilegio de ir formándose como cura al alero de las comunidades, que nos van regalando lo mejor de sí”, comenta.
Las visitas de la imagen de San Judas Tadeo a las distintas localidades, en el marco de la fiesta patronal que se celebró el 28 de octubre, los encuentros de oración ante el Santísimo Sacramento y las reuniones de catequesis son algunas de las experiencias que permiten descubrir esa fe. Una fe que, reconoce el sacerdote, no está exenta de dificultades, diferencias o desafíos, pero que encuentra en Cristo el centro que une y sostiene a los fieles.
La parroquia está integrada por 12 comunidades, incluida la sede, y abarca sectores vinculados a comunas como San Fernando, Rengo, Quinta de Tilcoco y San Vicente, además de localidades cercanas a Pelequén.
En ellas se desarrolla un trabajo pastoral que incluye grupos de ayuda fraterna, de servidores de San Judas Tadeo, de catequesis, entre otros. También se busca reimpulsar la contribución del 1% a la Iglesia, como una forma concreta de sostener la misión evangelizadora.
Sinodalidad: aprender a caminar juntos
El padre Luis Piña, que también es coordinador diocesano para la sinodalidad, cuenta cómo en su parroquia se trabaja de manera sinodal. Explica que la sinodalidad no es una novedad ni una fórmula que deba instalarse desde fuera. Es una manera de vivir la Iglesia que se expresa cuando las personas son capaces de escucharse, compartir sus experiencias y reconocer que todos tienen algo que aportar. La imagen que propone es la de una mesa común, donde caben las alegrías, las esperanzas y los sueños, pero también las penas y las dificultades de cada comunidad.
En ese camino, escuchar resulta fundamental. Cuando las comunidades descubren que no se están escuchando suficientemente, explica, surge la oportunidad de volver a preguntarse cómo están viviendo su fe y qué necesitan cambiar para seguir creciendo.
La sinodalidad, por tanto, no consiste solamente en reunirse o desarrollar actividades conjuntas. Implica revisar las propias actitudes, aprender de los demás y buscar que cada decisión contribuya a construir una Iglesia más fraterna, abierta y centrada en Jesús. Ruta que quieren seguir en su parroquia.
Una historia sembrada por generaciones
Al mirar la vida pastoral de Malloa, el sacerdote reconoce que el presente es fruto de una historia construida por muchas personas. En su relato recuerda a los padres Palma, Fernando Armijo, Héctor Fuentes, Ricardo Rebolledo y Danilo Gonzalez, sacerdotes que han formado parte del camino de esta comunidad.
Su aporte, subraya, no puede entenderse como una obra individual. Cada sacerdote ha recibido una historia, ha acompañado a sus fieles y ha contribuido a sembrar una fe cuyos frutos continúan creciendo. “Esto no lo hace el padre actual, sino que nosotros recogemos los frutos de hermanos que han sembrado durante toda una generación”, señala.
Esta mirada permite comprender la parroquia como una comunidad que trasciende a quienes ocupan temporalmente una responsabilidad. La vida de Iglesia se construye con la entrega de sacerdotes, familias, catequistas, servidores y tantos fieles que, desde sus posibilidades, han mantenido viva la misión evangelizadora.
El centro de la misión: anunciar a Jesús
Al hablar de los desafíos futuros, el padre Luis Piña vuelve a lo esencial: anunciar el Evangelio y hacerlo visible en la vida cotidiana. Para ello, considera necesario seguir formando comunidad, pedir la guía del Espíritu Santo y aprender a mirar la propia historia con misericordia, ternura y capacidad de perdón.
Su invitación a los fieles de Malloa y de toda la Diócesis de Rancagua es acercarse al santuario como quien busca un espacio para encontrarse con el Señor, sin prejuicios ni juicios previos.
“Lo que ofrecemos nosotros como comunidad parroquial es un encuentro con el Señor”, afirma.
Un lugar para orar, conversar con Jesús, llorar si es necesario o simplemente guardar silencio en medio del ritmo cotidiano. Porque, para esta comunidad, el sueño que orienta su misión no consiste en grandes proyectos, sino en abrir caminos para que cada persona pueda encontrarse con Cristo.
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San Judas Tadeo: una fiesta que crea vínculos
Cada octubre, la fiesta patronal se convierte en uno de los momentos más significativos para la comunidad. Sin embargo, el padre Piña invita a mirar más allá de la tradicional corrida, que se ha consolidado como una actividad convocante.
La celebración forma parte de un programa más amplio que incluye la visita de la imagen del santo a las comunidades, la Eucaristía y los encuentros fraternos. El día 28, la jornada central reúne a peregrinos en torno a San Judas Tadeo, con misas a lo largo del día, procesión y espacios de oración por los enfermos.
El sacerdote también destaca la relación con instituciones como la municipalidad, Bomberos, Carabineros y el CESFAM. Estos vínculos permiten que la parroquia participe activamente en la vida de la comuna y contribuya a fortalecer la colaboración entre sus distintas organizaciones.
La comunidad cristiana, explica, no está llamada a vivir aislada, sino a reconocerse como parte de un conjunto de personas e instituciones que dan vida al territorio.